Por primera vez el Festival Día Libre unió fuerzas con Apodaca Group y el resultado fue una jornada cargada de punk, metalcore, nostalgia y mucha euforia colectiva. Más de 12 horas de música, dos escenarios —Dave Stage y Libre Stage— y 18 bandas encargadas de convertir la explanada en un auténtico refugio para los amantes de las guitarras distorsionadas, los slams y los himnos generacionales.
Cortesía Arqueles GarcíaCortesía Arqueles GarcíaCortesía Arqueles GarcíaCortesía Arqueles García
El festival arrancó poco después del mediodía con bandas abridoras como Almost Done y Enemy 906, preparando el ambiente para una tarde que iría creciendo en intensidad conforme avanzaban las horas. Nos tocó llegar pasadas las cuatro de la tarde justo cuando Save Ferris incendiaba el escenario entre metales, ska punk y una Monique Powell completamente entregada al público regio:
“Es un gusto volver a Monterrey, son lo mejor que me ha pasado el día de hoy… disfrutemos la música, los amo, hacen que me ponga húmeda”.
El público explotó cuando cerraron con Come On Eileen, canción que convirtió a la banda en uno de los referentes más queridos del ska punk noventero.
Después apareció I See Stars haciendo retumbar el festival con su mezcla de industrial y metalcore agresivo. Los guturales extremos y los golpes demoledores de batería contrastaban perfectamente con el atardecer de las seis de la tarde. La banda originaria de Warren, Michigan, demostró por qué sigue siendo una referencia para toda la escena metalcore moderna.
Desde la entrada se percibía una ambientación bastante agradable: zonas organizadas, atención médica funcionando correctamente —incluyendo la rápida asistencia a un joven que sufrió una baja de presión— y hasta intervenciones artísticas en vivo inspiradas en el estilo de Keith Haring mientras la música envolvía el ambiente.
La noche siguió con The Menzingers llegando desde Pensilvania con su clásico y estruendoso punk rock melódico. Greg Barnett agradeció a México y a todas las bandas participantes antes de comenzar un recorrido musical por la historia de la agrupación, acompañado por un público que cantó cada himno como si fuera propio.
Más tarde, Balance and Composure apareció con una descarga emocional llena de riffs potentes y la voz intensa de Jon Simmons. Aunque muchos los clasifican como emo, su sonido tiene una fuerte esencia punk y alternativa. El público regio respondió coreando las canciones pese a algunos problemas técnicos iniciales en el micrófono.
A las 8:50 llegó uno de los actos más esperados: The Bouncing Souls. Desde New Jersey, Gregg Attonito apareció con su clásica boina negra liderando un recital cargado de punk rock de protesta y energía pura. Pete Steinkopf en la guitarra, Bryan Kienlen reventando el bajo y George Rebelo en batería hicieron vibrar cada rincón de la explanada.
La intensidad no bajó con PUP. La banda canadiense convirtió el escenario en un caos perfectamente sincronizado entre riffs veloces, slams y asistentes subiéndose al escenario buscando sus cinco minutos de gloria mientras Stefan Babcock descargaba toda su energía vocal.
Después llegó Taking Back Sunday, banda emblemática de principios de los 2000 nacida en Long Island, Nueva York, haciendo brincar a una explanada abarrotada con su rock alternativo cargado de nostalgia y energía. Más tarde Drainterminó de encender el ambiente con su poderosa y subversiva descarga hardcore.
El cierre quedó en manos de División Minúscula celebrando los 25 años de Extrañando Casa. Y sí, más que simbólico, el momento se sintió completamente emocional para toda una generación que creció acompañada por sus canciones.
Cortesía Alexandra CedilloCortesía Alexandra CedilloCortesía Alexandra CedilloCortesía Alexandra Cedillo