Monterrey, Nuevo León.La noche del viernes 20 de marzo en el Foro Corona no fue una noche cualquiera. Desde temprano, el ambiente anunciaba que algo especial estaba por suceder. A punto de las 9:00 pm, el escenario comenzó a cobrar vida con la propuesta fresca de PNGO, quien, armado con su guitarra electroacústica, ofreció un set íntimo y honesto.

Sus canciones, cargadas de historias personales, lograron conectar rápidamente con el público. Entre ellas, destacó una dedicada a los foráneos, evocando esa sensación de vivir lejos de casa, así como otra en honor a su ciudad de origen. Emocionado por presentarse antes de un evento tan esperado, agradeció a Speedy de Calavera Agency por la oportunidad, dejando claro que su música nace desde lo más auténtico.
Poco después, alrededor de las 9:30 pm, llegó Rei Alpha, banda de rock pop alternativo con tintes electrónicos que ha venido consolidando su presencia en la escena local. Vestidos completamente de negro, imprimieron una atmósfera más densa y energética, preparando el terreno para el acto principal.
Con sencillos como “Misterio” (2024), “Vampira” (2023), “Sueño Oscuro” (2023) y “Martirio” (2022), Rei Alpha demostró por qué es una banda en constante crecimiento, incluso tras haber abierto recientemente para Sixpence None the Richer. Su energía, actitud y agradecimiento con el público dejaron una impresión sólida.



Pero la verdadera expectativa se concentraba en lo que vendría después.
A eso de las 10:30 pm, el Foro Corona ya vibraba con la emoción colectiva. Camisetas de distintas épocas evidenciaban la diversidad generacional reunida para presenciar el regreso de Santa Sabina a la ciudad tras dos décadas.
Entre gritos y aplausos, las luces se atenuaron y los sintetizadores marcaron el inicio del ritual. Patricio Iglesias tomó su lugar en la batería con una ejecución poderosa, seguido por Poncho Figueroa, cuyo bajo rojizo de madera comenzó a tejer una atmósfera hipnótica. La aparición de Pablo Valero consolidó el momento con riffs intensos, oscuros y profundamente emotivos.



El concierto arrancó con “Ajusco Nevado”, seguido de temas emblemáticos como “Gasto de saliva”, “Yo te ando buscando” y “Estando aquí no estoy”. A pesar de la ausencia irreparable de Rita Guerrero, la interpretación de Tania Melo junto Ernesto Aguilar en los teclados, lograron rendir un tributo digno, conectando con nuevas y viejas audiencias.

Durante el show, algunas fallas técnicas en batería y bajo amenazaron con interrumpir la experiencia, pero la maestría escénica de la banda convirtió esos momentos en demostraciones de oficio, improvisación y conexión genuina con el público.
Uno de los momentos más emotivos llegó con “Vacío”, tema cargado de profundidad emocional, seguido por “Una canción para Louis”, inspirada en el personaje de Louis de Pointe du Lac de “Entrevista con el vampiro” de Anne Rice.
La noche continuó con piezas como “Siente la claridad”, “A la orilla del sol”, “La garra”, “Nos queremos morir” y “Azul casi morado”, además de una canción inédita que recordó la esencia experimental de sus inicios.
Más allá del repertorio, lo que se vivió fue una experiencia sensorial completa. Santa Sabina demostró que su legado sigue vigente, capaz de atravesar generaciones y emociones.

El público salió conmovido, electrizado y agradecido. Porque hay bandas que no solo se escuchan… se sienten.
Imágenes por: Arqueles García


