19 de agosto. Arena Monterrey. Rosalía Vila Tobella. La luz. El baile. El ángel. La princesa. No hay duda que es una estrella, pero una que no solo deslumbra, sino que moldea la música a su voluntad. Presenta su disco más espiritual, con danza y orquesta. No hubo un momento para recuperar el aliento.
No es la primera vez que Rosalía reinventa un genero, del flamenco en El mal querer (que fue su tesis para la carrera), y su redefinición del pop con Motomami; LUX ahora representa una nueva perspectiva entorno a la devoción. Rosalía comentó en una entrevista con Rolling Stone: creo que Dios me ha bendecido mucho y qué menos que hacerle un disco.


Después de casi cuatro años desde su última visita a Monterrey, Rosalía regresa pero más grande que nunca. Este show fue pensado para que TODO el público viera y entendiera la visión creativa de la artista. Jamás había presenciado un concierto así, rosando, y muchas veces sobrepasando, las barreras del cine. Rosalía es única, especular y sabe como poner un espectáculo. Pero sobre todo, sabe como externar su arte.
Su capacidad de comunicar tanto cuando ni siquiera recita un idioma que entiendes, es donde reside la belleza. Tuvo diversas interpretaciones de sus canciones en otros idiomas como: árabe, alemán, italiano y catalán. Su concierto es un viaje por todo el planeta.


El concierto se dividió en 4 cuatros, con cambios de escenografía, vestuario, colores, peinados. El primero dedicado enteramente a LUX: Sexo, Violencia y Llantas + Reliquia + Divinize + Mio Cristo Piange Diamanti. El segundo acto con: Saoko + La Fama + Combi Versace. El tercer acto podría fácilmente titularse: La Perla. Hubieron diversas confesiones, pero destacan la sección del confesionario donde invito a Samy Rivers (streamer regiomontana), y la interacción con un fan cuyo letrero leía: Demandé a La Perla (mi papá).
El cuarto y último acto: Bizcochito + Despechá + Focu ‘Ranni, donde contó con un vestuario angelical, soltó su cabello y fue fácil apreciar que el tinte en la corona de la cabeza se asemejaba un rosario angélico.
Tanto las luces, como la escenografía y especialmente el trabajo de cámara, hicieron de este concierto una experiencia religiosa. Sin duda, son pocos los conciertos que se volverán a sentir como cine y una masterclass en cada disciplina artísticas.



