Como una avalancha desbordada pero gallarda, el cantante español con sus “manitas de plata” conquista nuevamente al público regio.
Monterrey, NL. 21 de abril de 2026.- El Divo de Linares irrumpe la gran noche con ola de aplausos de su público reunido en el lleno total del Escenario GNP Seguros. Raphael, es espectacular con su show Raphaelísimo desatando emociones entre los presentes aún antes de siquiera entrar a escena. Mientras su banda todavía anunciaba con fanfarria la entrada de este rey vestido de negro y luces, el cantante resplandece con su desenfadada y coqueta sonrisa plantado en medio del escenario. Durante la introducción musical, Raphael dejó admirarse por los asistentes hasta llenarse. Las 6 décadas sobre el es escenario le han dado esa fuerza y presencia arrolladora. Sin dejar que se recuperaran de la embestida inicial les canta “La noche”, y “Yo sigo siendo aquel”, tema con la que acentúa que aún con el paso de los años, él sigue siendo “¡el mismo Raphael de siempre!”, frase con la que reafirma su dominio sobre el escenario, gallardo y regio —español.

“Mi gran noche” suena inmediatamente desatando las expectativas del cantante juguetón y coqueto. Lo mismo ocurre con “Estuve enamorado”, que aunque tiene melodías inconfundibles de antaño, sigue siendo vigente, tal como Raphael lo es por su habilidad de cautivar y representar los sentimientos de generaciones enteras.
Raphael canta de pie, sentado, recargado en el piano de cola, y en cada posición lleva la magnificencia de una escultura viviente de si mismo. Comanda al público con su voz y ademanes —una mezcla de desdén y soberbia encantadora— de la misma manera en la que parece dirigir a sus músicos con desplantes de arrojo e inmensurable emoción




Después vino el desborde histriónico que fue “En carne viva”. Raphael bajo una luz al centro del escenario haciendo danzar sus manos con el dolor contenido que evoca esta canción profunda y desgarradora. En esta pieza se percibe a este maravilloso intérprete prodigarse por completo al transmitir con la danza intrínseca de sus brazos y rostro una interpretación de intensidad sin medida.
Creciente, Raphael se muestra seguro cantando junto al piano “Que sabe nadie” otra declaratoria autoral que resuena como letanía en los oídos y el pecho. De pronto, la noche da un giro con “Escándalo” llevando a la audiencia a lo más alto de la euforia pero atentos a cada movimiento de las manos del cantante.




En lo más alto de los aplausos, sin decir nada, y con la orquesta mostrando un virtuosismo elaborado, Raphael cruza el escenario para desaparecer tal como llegò. La gente, aún extasiada, seguía vitoreándolo con halagos, que no cesaban durante el concierto. De pronto, el cantante reaparece sonriente a entregarse de nuevo con el estandarte melodramático que es “Como yo te amo”. Esta fue una gran elección para cerrar la velada ya que es un tema consagrado que comienza suave y se torna impetuoso con sus ataques de cuerdas que azotan como viento y olas de mar.
Al final del encoré, mujeres y hombres le rogaban extasiados que cantase otra; pero Raphael sonriendo y mirándoles de una manera encantadora, seductora y desenfadada, extiende sus brazos en gratitud y sale sin más del escenario dejando al público ovacionándolo y fen extasis mientras escuchábamos: ¡Eres magnífico, Raphael!


