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Gabriel de la Mora en MARCO

Tinta Gris por Tinta Gris
mayo 29, 2026
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Imagen cortesía Arqueles García

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Entre la obsesión, la pérdida y la belleza de lo roto

Monterrey, Nuevo León. Entrar a la exposición de Gabriel de la Mora en MARCO no se siente como recorrer una retrospectiva convencional. Se parece más a ingresar lentamente a la mente de alguien obsesionado con el tiempo, la memoria, la destrucción y la posibilidad de convertir cualquier ruina en otra forma de belleza.

A lo largo del recorrido, el artista mexicano construye una especie de autobiografía fragmentada donde el cabello humano, las alas de mariposa, el polvo, los cascarones de huevo, las bocinas, las pinturas falsas, los restos arquitectónicos y hasta las cenizas terminan funcionando como archivos emocionales. Nada está ahí solamente por estética. Todo carga información, historia, desgaste y presencia humana.

La Petite Mort es la nueva muestra presentada en el Museo MARCO bajo la curaduría de Tobias Ostrander, una revisión de más de dos décadas de producción del artista mexicano donde la obsesión, la repetición, el cuerpo, la memoria y la transformación terminan convirtiéndose en el verdadero centro del recorrido.

Imagen cortesía Arqueles García
Imagen cortesía Arqueles García
Imagen cortesía Arqueles García
Imagen cortesía Arqueles García
Imagen cortesía Arqueles García

La exposición, organizada en colaboración con el Museo Jumex, reúne cerca de 90 obras construidas a partir de materiales poco convencionales: cáscaras de huevo, cabello humano, suelas de zapatos, alas de mariposa, polvo, cerillos quemados, esferas navideñas rotas y fragmentos de objetos encontrados.

Pero más allá del impacto visual, lo verdaderamente poderoso es descubrir cómo cada pieza funciona también como una extensión física de la mente del artista.

Desde el inicio, el recorrido entra en territorios profundamente íntimos. En la sección Cuerpos, De la Mora presenta obras atravesadas por la memoria familiar y la muerte. Una de las piezas más impactantes es Memoria I, 24.10.07, conformada por reproducciones de cráneos de miembros vivos y fallecidos de su familia, incluido su padre y una hermana que murió antes de nacer.

Lejos de construir un discurso solemne, el artista transforma la pérdida en una exploración emocional y visual sobre el tiempo, la permanencia y la desaparición.

“La contemplación se está perdiendo”, comentó durante el recorrido.

Y quizá esa frase resume gran parte de la experiencia de La Petite Mort porque las obras de Gabriel de la Mora exigen exactamente lo contrario al consumo rápido de imágenes al que estamos acostumbrados. Muchas piezas cambian dependiendo de la luz, la distancia o el movimiento del espectador. Algunas parecen monocromos minimalistas desde lejos, pero al acercarse revelan miles de fragmentos diminutos ensamblados obsesivamente durante años.

Esa obsesión aparece constantemente a lo largo de la muestra.

“Mi obsesión no la sufro… la disfruto.”

La frase no funciona como provocación sino como explicación directa de su práctica artística. Hay piezas construidas con cientos de miles de fragmentos minúsculos, superficies hechas a partir de alas de mariposa o cáscaras de huevo colocadas una por una. Procesos repetitivos casi imposibles que convierten el tiempo en materia visible.

Imagen cortesía Arqueles García
Imagen cortesía Arqueles García
Imagen cortesía Arqueles García

Otro de los ejes más fascinantes de la exposición es su cuestionamiento sobre la originalidad dentro del arte contemporáneo. A través de obras realizadas con falsificaciones de Leonora Carrington o Mario Carreño, De la Mora plantea una pregunta incómoda para el mercado artístico:

“El único que puede decir si una obra es original o no es el autor.”

En sus manos, destruir una obra falsa también puede convertirse en una forma de construcción. El gesto de borrar, quemar o intervenir termina generando nuevas imágenes, nuevos significados y nuevas posibilidades de existencia.

La neurodivergencia como potencia creativa

Sin embargo, uno de los momentos más honestos e íntimos del recorrido ocurrió cuando habló abiertamente sobre su neurodivergencia.

“La dislexia no es algo malo. Es otra manera de pensar.”

Lejos de plantearlo desde la limitación, el artista explicó cómo esa percepción distinta del lenguaje, los números y las imágenes terminó moldeando toda su obra. Varias piezas de la exposición buscan precisamente traducir visualmente esa experiencia mental: letras invertidas, reflejos fragmentados, estructuras repetitivas y superficies que parecen transformarse dependiendo de cómo se observan.

“La única forma de ser diferente es ser tú mismo.”

Ahí justamente está realmente el corazón de toda la exposición porque La Petite Mort no solamente habla de materiales, abstracción o procesos artísticos. Habla sobre aceptar aquello que alguna vez fue considerado error, rareza o diferencia, y convertirlo en algo profundamente bello.

El recorrido inicia en zonas oscuras, íntimas y hasta incómodas: muerte, pérdida, cuerpos, erosión y destrucción. Pero poco a poco las salas empiezan a abrirse hacia otra cosa. Aparecen reflejos, color, alas de mariposa, luz, vibraciones, texturas y superficies que parecen vivas.

Como si la exposición entera avanzara lentamente desde la herida hacia la transformación y al final queda justamente esa sensación: la de haber atravesado no solamente una exposición de arte contemporáneo, sino la mente de alguien que aprendió a convertir la diferencia en una forma de belleza.

Gabriel de la Mora: La Petite Mort estará disponible en MARCO del 29 de mayo al 25 de octubre.

Imágenes por: Arqueles García

Etiquetas: MARCOMonterreyMUSEO
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