Lo primero que sorprendió no fue la obra… fueron los medios.Micrófonos por aquí, cámaras por allá, creadores de contenido, prensa tradicional y digital compartiendo espacio. “No sabíamos que había tantos medios en esta ciudad”, se escuchó entre risas al arranque de la rueda de prensa. Monterrey, una vez más, dejando claro que la conversación ya no vive en un solo lugar.
En medio de ese ambiente dinámico y cercano, aparecieron Juan Soler y Mauricio Islas, quienes, lejos de formalidades rígidas, se mostraron relajados, bromistas y completamente conectados con el momento.
La charla fluyó como suele pasar cuando hay confianza: entre comentarios sobre el “calorcito soportable” de la ciudad, anécdotas de una jornada intensa de entrevistas desde temprano y hasta la ya obligada promesa de probar cabrito y pan de elote en Santiago.
Pero más allá del ambiente ligero, había un mensaje claro: El Amante Infiel llega con la intención de entretener, sin complicaciones, pero con inteligencia. Una comedia que juega con situaciones cotidianas y que, sin caer en lo obvio, logra que el público se identifique… y se delate.
“Es la comedia de los codazos”, dijeron entre risas, refiriéndose a ese momento en el que alguien en el público reconoce una situación demasiado cercana y no puede evitar reaccionar. Y es justamente ahí donde la obra cobra vida: en esa complicidad silenciosa —o no tanto— entre escenario y butacas.


Con más de 20 funciones en su gira, los actores destacaron que cada ciudad ha aportado algo distinto, pero Monterrey representa un reto especial. Aquí, dijeron, el público conoce de teatro, observa, mide… y también se entrega.
La obra, centrada en enredos entre parejas y secretos que salen a la luz, no busca dar lecciones, sino provocar reflexión a través de la risa. Porque, como bien señalaron, hay muchas formas de ser infiel… incluso a uno mismo.
Las funciones están programadas para el 18 de abril en Río 70 y el 19 en el Auditorio Santiago, donde esperan repetir la conexión que ya han logrado en otras ciudades.
Y si algo quedó claro en esta presentación, es que el teatro sigue teniendo algo que ningún algoritmo puede replicar: esa energía viva que se construye entre actores y público, función tras función.
Imágenes por: Arqueles García


