Dos días bastaron para confirmar que el Duck Fest llegó para quedarse. Ni la ligera lluvia logró frenar el ánimo: rodeo, actividades al aire libre, espacios perfectamente ambientados y ese toque western que se respiraba en cada rincón hicieron de la experiencia algo completo en Santiago.






El arranque tuvo un momento especial con la inauguración oficial del Duckstage, que no pudo comenzar mejor que con Las Moonshiners. Desde el primer acorde encendieron al público con una energía arrolladora. Se notaba el trabajo detrás: sincronizadas, seguras y dominando el escenario. La raza respondió al instante… y apenas era el inicio.

El sábado 2 de mayo nos tocó vivir el festival en su máxima expresión. Dos escenarios activos: Palominos y Duckstage. En el primero, Mara Valdez despidió la tarde a las 5:00, acompañada por Morenito de Fuego, dejando al público encendido justo antes de que todo se trasladara al segundo escenario.


Ya en el Duckstage, poco después de las 6:45, Los Hermanos Mendoza aparecieron con ese estilo que conecta fronteras desde California. La vibra fue inmediata: música que se siente, que se canta y que se vive.

A las 7:50, el ambiente subió de nivel con 49 Winchester, quienes trajeron su esencia desde Virginia. Durante una hora, el escenario fue pista de baile: botas marcando el ritmo, parejas girando y una conexión total entre banda y público.


La noche del sábado tenía nombre propio: Luke Grimes. Conocido por Yellowstone, pero consolidándose en la música country, su presentación fue uno de los momentos más esperados. Su estilo íntimo y honesto dejó claro por qué el género sigue creciendo en México. El country encontró en este festival un hogar natural, dialogando con la cultura del norte y fortaleciendo una escena que sigue expandiéndose.



Y cuando parecía que la noche ya lo había dado todo, a las 11:20 llegó el cierre con Los Master Plus. Con su estilo único y energía contagiosa, pusieron el broche final a dos días intensos de música, risas y pura buena vibra.
Duck Fest no solo cumplió: dejó huella. Un festival que mezcla tradición, comunidad y música sin fronteras, y que promete convertirse en un referente obligado.


