Así se vivió la tercera edición de Noches de Verano en MARCO
Monterrey, N.L. Si algo quedó claro este fin de semana es que el Museo MARCO puede convertirse en mucho más que una sala de exposiciones. La tercera edición de Noches de Verano 2026 transformó el recinto en un punto de encuentro donde convivieron el arte contemporáneo, la música en vivo y las ganas de pasar una buena noche en Monterrey.
Mientras la ciudad seguía inmersa en el ambiente futbolero, decenas de personas aprovecharon para recorrer las exposiciones del museo antes de dirigirse al patio central, donde la música tomó el protagonismo.
Antes de subir al escenario, tanto Jhonivan Sáenz como Debit compartieron su emoción por formar parte de este proyecto y reencontrarse con el público regiomontano en un espacio poco convencional para un concierto.
El encargado de abrir la noche fue Jhonivan Sáenz, acordeonista originario de la colonia Independencia, quien desde los primeros acordes logró que el público comenzara a moverse con un repertorio de cumbias, vallenato y polcas. Con una trayectoria que incluye su participación en el Festival de la Leyenda Vallenata, en Colombia, el músico recordó cómo la cumbia se convirtió en parte esencial de la identidad musical del norte del país.



Su presentación también rindió homenaje a Celso Piña, pero sin quedarse en la nostalgia. Entre beats, loops y elementos electrónicos, mostró cómo el acordeón sigue encontrando nuevas formas de sonar sin perder sus raíces.
Después llegó el turno de Debit, productora regiomontana radicada en Nueva York, quien presentó un DJ set creado originalmente para su gira por Europa. Su sesión mezcló guaracha, techno y ritmos latinos en un recorrido sonoro que conectó la pista de baile con la memoria musical del norte de México.



Más que una sesión electrónica, su propuesta parte de una investigación constante sobre archivos sonoros y expresiones culturales del noreste, transformándolos en paisajes contemporáneos que hoy resuenan en escenarios internacionales.
La combinación entre ambos artistas dejó claro el espíritu de Noches de Verano: abrir las puertas del museo a nuevas experiencias donde el arte visual dialoga con la música y donde las propuestas locales encuentran un espacio para llegar a públicos distintos.
Entre acordeones, sintetizadores, recorridos por las galerías y una pista de baile improvisada pero de la forma más cool, MARCO volvió a demostrar que el arte también puede disfrutarse al ritmo de la cumbia y la electrónica.



Imágenes por: Arqueles Garcia

