Por Jose De La Rosa (Pepito Kantrepoideyo)
Monterrey, N.L. – Nodriza Estudio, 26 de Octubre de 2025. El Metal, en una modalidad cruda,pura, agresiva, pero bien estructurada a menudo se forja en la adversidad y se consolida en el culto. La presentación de Warbringer en el Nodriza Estudio del centro de Monterrey fue un testimonio exacto de esta máxima. A pesar de contar con una audiencia notablemente escasa —un hecho que, sumado al precio relativamente económico del boleto, apunta a una lamentable falla en la estrategia publicitaria local—, los guerreros de California entregaron una clase magistral de Thrash Metal Californiano contemporáneo.
La atmósfera del Nodriza Estudio, íntima y subterránea, demostró ser un entorno ideal, un pozo de mosh crudo y sin adornos para una banda que, desde su formación en 2004, ha honrado el legado de los titanes del Bay Area, con un enfoque en la velocidad y la temática bélica y social que evoca a Exodus y Slayer.


El Asalto Sonoro de una Maquina de combate de Élite:
Warbringer, encabezados por el imparable John Kevill, subió al escenario con la disciplina y el hambre de una banda en su punto mas álgido. Y es que, sin discusión, el quinteto se encuentra en su mero momento de gloria, habiendo cimentado su prestigio con álbumes como Woe to the Vanquished y el reciente Weapons of Tomorrow, además de su más reciente asalto sonoro Wrath and Ruin.
El despliegue de energía, desenvolvimiento y simpatía de la banda fue, sencillamente, impresionante. Kevill demostró una conexión ejemplar con los fanáticos, en su mayoría jóvenes, que se dieron cita. No hubo desánimo por la poca concurrencia; por el contrario, la banda pareció doblar la apuesta, dedicando cada riff y cada golpe de tambor a ese núcleo fiel.



La ejecución fue exacta, contundente y brutal. El Thrash Metal, cuando es tocado con esta maestría, es como una fuerza imparable de la naturaleza. Destacó la base rítmica implacable, sello distintivo de su sonido, que nos guió a través de un setlist que equilibró su discografía.
Tuvimos la contundencia contemporánea de su etapa más reciente con cortes como “Firepower Kills” y la épica y reflexiva “The Sword and the Cross” (de su aclamado Wrath and Ruin), que resonaron con furia. Estos temas, característicos por su precisión técnica y producción prístina, contrastaron con la agresividad sin filtros de himnos de su “vieja etapa” como el inevitable “Total War”, que desató una violencia necesaria en un pequeño pero significativo mosh pit.
La banda de California probó que un concierto de Metal no se juzga por la cantidad de asistentes, sino por la calidad de la entrega y la resonancia de su mensaje. Warbringer ofreció una noche de Thrash Metal virgen y sin concesiones, una lección de lealtad y profesionalidad que los pocos asistentes afortunados en el Nodriza no olvidaremos.
Una banda que puede convertirse en una de culto honrando a un público de culto. No hace falta más.


