Autor: Pepito Kantrepoideyo
Fue en el Foro TIMS, en el corazón espectral de Monterrey, la noche del diecinueve de julio. El aire vibraba con una nostalgia espesa, como el recuerdo de un amor que se desvanece en la memoria.
San Pascualito Rey, fantasmas sonoros que se despiden esta vez de los escenarios, cuales arañas nocturnas tejieron una atmósfera donde la tradición latina y mexicana se abrazaba a la penumbra electrónica, un eco distante de canciones tristes, de desamor perpetuo, de esa introspección que carcome el alma y las nostalgias que pesan como sepulcros.



Todas las canciones que cabían en el aliento de esa noche fueron desgranadas una a una, como cuentas de un rosario de pesares.
El orden, me cuentan, fue urdido por los mismos seguidores en una encuesta que la banda previamente hizo en instagram, un pacto tácito entre la banda y su eco.
Y luego, la voz de Pascual, ofreciendo el cancionero al viento, dejando que el público invocara sus fantasmas predilectos. En medio del bullicio, las notas flotaban, espectrales, el les dijo:
Voy a cantar la que me pidan!



Pascual, como un ánima errante, descendió del escenario una y otra vez, la mano extendida y el microfono hacia sus fieles, cantando entre ellos los versos más dolientes, las melodías que se han quedado tatuadas en la piel de tantos. Casi tres horas duró esa catarsis, un tiempo inusual, un purgatorio musical donde cada nota se sentía eterna y atmosférica.
En el escenario, cada músico, un brujo de su instrumento, rodeado de artilugios electrónicos, pedales que tejían una atmósfera ecléctica, casi ritual, la marca indeleble de San Pascualito Rey, esa originalidad que los ha consagrado como banda de culto, susurrada entre los melómanos como un secreto a voces. Toda su historia sonora desfiló esa noche, un espectro de canciones que han marcado sus mas de veinte años de presencia.
Y la gente, venida de lejos, de cercas de otros municipios, de estados vecinos que rodean Nuevo León, todos congregados bajo ese mismo manto de melancolía. Se escuchaban susurros de canciones como “Sufro Sufro Sufro”, “Olvídate de Mí”, y la punzante “Nos Tragamos”, resonando en la memoria colectiva como si fueran ecos de un pasado que se resiste a morir.
Esa noche, Monterrey se convirtió en una especie de velatorio mexicano sonoro, donde los fantasmas de San Pascualito Rey cantaron su adiós definitivo, dejando tras de sí una estela de recuerdos imborrables.
R.I.P.
San Pascualito Rey

Sobre el autor:
Aprendíz de escritor y un estudiante de Lingüística Antropológica.


