Monterrey, Nuevo León. Hay historias que se sienten como si estuvieran pasando justo delante de ti: alguien que vuelve a pasar frente a su prepa, que recuerda la banda escolar como si fuera ayer, y que se topa en una rueda de prensa a un compañero de esos días donde todavía todo parecía posible. Así empieza el capítulo más reciente de Renée en Monterrey: con una sonrisa sorprendida y un “güey, ¿te acuerdas cuando tocábamos ahí? Arriba los Vaqueros”.
Hoy esa misma Renée —la de la guitarra, la del corazón prendido en fuego, la que se lanzó de cabeza a la CDMX con 300 pesos y un sueño— está celebrando dos nominaciones al Grammy Latino y un año donde la vimos transformarse frente a nuestros ojos. No sólo musicalmente: también emocionalmente, espiritualmente, físicamente. Se quitó el disfraz, literal y simbólicamente. Se dejó ver.
Y en medio de ese viaje, apareció el teatro musical. Primero con Siete Veces Adiós, luego Cielos Despejados: experiencias que le enseñaron disciplina, compañerismo y ese tipo de intensidad que sólo se aprende cuando noche tras noche repites una historia y la vives como si fuera la primera vez.
“El teatro me cambió. Hay un antes y un después para mí. Me enseñó a estar con otros, a escuchar, a sostener.”
Y también llegaron encuentros que pesan. Como Kenny Avilés, su “mamá rockera”. Una de esas mujeres que caminaron cuando el rock era terreno marcado para hombres; que cosió sus propios trajes, que sobrevivió a escenarios duros, que tiene fotografías con Cerati y Santana como quien guarda constelaciones en la sala.
“Cuando entré a su casa pensé: estoy frente a una grande. Sentí que ella era una versión futura de mí, que venía a recordarme por qué hago esto.”
Y sí, Renée está cansada. Pero no apagada. Está en ese tipo de cansancio que vibra de ganas.
Está lista para lo que sigue.
Y lo que sigue es Renée escribiendo desde la raíz otra vez.
Con el corazón lleno de teatro, de guitarras, de historias, de piel nueva.
Todavía no sabemos cómo va a sonar lo que viene.
Pero sí sabemos algo: Va a venir desde lo más verdadero de ella.
Y eso… ya se siente.



