CDMX. No se trata de un título sino de una declaración. Es la voz de quince mujeres diciendo: aquí estamos, aquí resistimos, aquí seguimos rompiendo lo que nos dijeron que no podíamos tocar y este 26 de noviembre, en el patio de la Casa de la Universidad de la Comunicación, esas voces se convirtieron en un manifiesto vivo de memoria, de fuerza y de esperanza.
Porque romper el techo de cristal no es solo llegar lejos: es pelear todos los días contra un sistema que cuestiona, limita, exige silencios y dicta destinos que nunca pedimos. Es romper techos visibles —los laborales, los culturales, los estructurales— y también los invisibles: el miedo, la culpa, la impostora que nos habita, los mandatos que pesan como una sombra vieja.
Seis autoras del libro compartieron un pedazo de su historia, y cada una dejó claro que los techos existen, pero no son destino.
Patricia Olamendi, figura clave en derechos humanos, recordó que su historia empezó desde la precariedad, no desde el privilegio. Su capítulo es una invitación a dejar claro que el éxito no se hereda: se construye con resistencia y causa. Y que las leyes de paridad y las políticas 3 de 3 son apenas el inicio; falta que la sociedad deje de normalizar a agresores, violentadores y deudores alimentarios.
María Luisa Flores del Valle (Maluy) habló de lo que cuesta ser “la única mujer en la mesa”. Su experiencia en educación superior y participación cívica se volvió un recordatorio amoroso: el éxito de una es el éxito de todas. No se trata de competir entre mujeres, sino de levantar cimientos que sostengan a las que vienen.
Mercedes Civarolo, desde la psicología y la educación, puso el dedo en la herida: los techos externos pesan, pero los internos pueden ser verdaderas losas. Su mantra, “Nada regalado, todo conquistado”, llega acompañado de 15 estrategias prácticas para sanar pensamientos limitantes y transformar la adversidad en crecimiento.
Sylvia Sánchez Alcántara, eterna “baby boomer imparable”, contó cómo defendió sus alas en familia, matrimonio y negocios. Su experiencia dio vida a Retos Femeninos y a un recordatorio vital: lo que comunicamos puede perpetuar estereotipos… o convertirse en un acto de libertad colectiva.
Nora Frías, médica y servidora pública, narró una vida marcada por rebeldías: un padre patriarcal, estudios de medicina a contracorriente, y carrera en espacios dominados por hombres. Su mensaje fue tan claro como valiente: los desafíos de hoy son los triunfos de mañana, y ninguna mujer debe normalizar la violencia.
Vera Moreno, coordinadora del libro, cerró con una historia que atraviesa generaciones: de una infancia obrera en España a una vida dedicada a la psicología, el neuroliderazgo y la formación de cuerpos de seguridad. Su propósito es simple y poderoso: que menos mujeres vivan violencia porque aprendieron desde niñas a reconocer y gestionar sus emociones.
Entre discursos, aplausos y respiraciones compartidas, el rector de la UC, Salvador Corrales Ayala, llamó al libro “una lectura necesaria para entender el camino hacia una convivencia justa e igualitaria”. Y desde la Universidad Santander, Enrique Navarro sumó una idea luminosa: estas quince voces son solo el comienzo; falta escuchar a muchas más.
Al final, “Mujeres que rompieron el techo de cristal” se siente como eso que necesitábamos: un libro-testimonio, una guía práctica, un abrazo colectivo. Un recordatorio de que la igualdad no es teoría: es camino. Y que se camina mejor juntas, con la mirada alta y el techo hecho añicos bajo los pies.
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