Cobertura por: Flor Soto
La noche del 28 de octubre en Monterrey tuvo acento ruso y alma postpunk. El Foro Tims se convirtió en una cápsula sonora donde el tiempo se detuvo: luces bajas, sintetizadores flotando y un público dispuesto a dejarse llevar por la melancolía hipnótica de Motorama.



Un pequeño fallo técnico en el audio apenas logró interrumpir la magia por unos minutos. Lejos de apagarse, el público respondió con aplausos, gritos y coros que pedían el regreso de la banda. Y cuando el sonido volvió, todo explotó: una ola de energía atravesó el recinto y Motorama tomó el escenario con más fuerza que nunca.
Con temas como Red Drop y Wind in Her Hair, los rusos desplegaron su minimalismo elegante, esa mezcla de frialdad y emoción que los hace únicos. Cada nota parecía tallada en hielo y fuego a la vez. La voz grave y contenida de Vlad Parshin se fundía con las luces azules y la intensidad de los sintetizadores, creando un trance colectivo.





El clímax llegó con Ghost, uno de sus himnos más queridos, interpretado con una potencia que hizo vibrar el piso. Fue un cierre que rozó lo místico: entre sombras y destellos, Motorama dejó una huella profunda en el corazón regiomontano.
El 28 de octubre quedará grabado como la noche en que Monterrey se dejó envolver por la melancolía luminosa de Rusia.


