Autor: Daniel Zetina
Sexo de reconciliación
Entró como pudo a la morgue y…
Tradiciones ancestrales
En México, antes de matarlo, maniatamos, secuestramos y torturamos al tiempo.
Piratería
Hace veinte años que Joselo asesina escritores. Nadie los busca ni pegunta por ellos, valen poco. Prefiere a los poetas inéditos. Ayer encontró uno, fue a su lectura, lo invitó a beber a su miserable vivienda… Hoy Joselo está muerto. El poeta ya lo conocía, lo admiraba, quería imitarlo y por fin la vida, su miseria y su propia víctima le dieron la oportunidad. En la vecindad de Joselo nadie volverá a temerle ni a mirarlo con desconfianza. El poeta seguirá sin publicar por algún tiempo.
Alabado sea dios nuestro señor que no vive en el cielo ni el infierno
Harto de que otros dioses le hicieran bullying (godying), el nuestro vino a la Tierra y con un chango y mucho ingenio creó una raza de corruptos y holgazanes con los que se divierte y se toma selfies. A veces lleva a alguno a la casa de sus padres, donde le aplauden por haber hecho aquellos seres bastante feos pero muy creyentes y obedientes.
Camino al éxito
Cuando ya no se vendió tanta droga, el Cártel comenzó a comprar y a vender drogadictos. Calcularon que el negocio duraría unos años, mientras crecía la nueva generación de adictos. El gobierno anunció la disminución del consumo como un triunfo. Carmelo sabe lo que pasa, pero no tiene remedio, va con su dealer y se entrega sin pelear. Quizás quien lo compre le dé un poco de piedra.
Una alumna eficiente y eficaz
Me acerqué a mi maestra de segundo de primaria y le dije: “Maestra, tú fuiste mi mamá en la otra vida, te recuerdo bien, me querías mucho a pesar de cómo morí, apenas hace unos añitos que renací y es un placer volver a tenerte cerca, gracias”, le di un abrazo breve y luego fui hasta mi butaca. Se quedó fría. Estoy segura de que no se atreverá a reprobarme ni a tratarme mal la muy desgraciada.
Bellas tradiciones
El vecino estuvo tronando cuetes toda la tarde, hasta que aventó uno al aire y le explotó en la cara a su hijo de siete años, que quedó tuerto. Así quizás solo vea la mitad de los golpes que el imbécil le da a su mamá cada vez que llega borracho.
Domingo
Fuimos a la barbacoa de unos familiares. El primer taco sabía a mi comadre. Volteé a ver al compadre, que picaba carne, tan tranquilo como siempre. El segundo taco me supo a mi prima. El tercero, a mi tía.
—¿Qué le puso hoy a la carne, compadre? —le pregunté.
—Digamos que… puro amor, compadre. ¿Qué, no le gustó o qué? —preguntó apurado porque solo estaban él y su hijo atendiendo.
—Al contrario, compadre, me encantó, deme un kilo para llevar.
—Ah, bueno…
Urgencias
—Soraya, ¿cómo sabes que tú fuiste el amor de su vida?
—Porque me dio treinta navajazos, pero ninguno fue de gravedad.
—¿Amabas a Iñaki tanto como él a ti?
—No… no tanto… yo a la primera puñalada lo maté.
Waze plus
Los ingenieros más arriesgados y propositivos de la empresa incluyeron en el mapa de la app el camino más directo hacia la luz, para aquellos usuarios que murieran en la carretera.
Premiado
El Tony cumplía veinticinco años de condena por asesinar a sus padres. Preso, escribió una novela con la que ganó el Premio Literario para Personas en Presidio. En esa obra contaba su crimen con detalles. Dos meses después, el comandante Cadena, que volvió a aprenderlo, le preguntó intrigado:
—Tony, ¿por qué mataste a tus tres compañeros de celda?
—Necesitaba material para mi nuevo libro, jefe, y ellos de por sí no hacían nada bueno en la vida.
Proteína
Me cansé de su altanería. Me comí al gato de mi novia. Lo maté, lo limpié y lo cociné en caldo. Estuvo más sabroso de lo que pensaba. Por la tarde vino otro gato idéntico, pardo de ojos grises. Volvió Ruth a casa y todo le pasó desapercibido. Al día siguiente maté al nuevo gato y me lo comí. Llegó otro… Y así durante dos semanas. Mis incógnitas son: ¿qué pasará cuando Ruth se dé cuenta de mi gatofagia?, ¿si no me los como, dejará de venir un gato nuevo cada día?, ¿qué haríamos con tanto gato?, ¿si me como al perro pasará lo mismo?
Precavida
Ya sabía lo que sucedería, así que no lo permitió. La gran cerda, que paría cada tanto lechones hermosos y regordetes, mató a su pequeña y se la comió. Ninguna cría suya volvería a ser manjar de humanos asesinos y cobardes.
Nota con ternura en el refrigerador
“Quiero amarte con todo mi ser, pero no puedo hablar contigo sin pelear, así que me he cortado la lengua, para que llevemos la fiesta en paz. Está guardada en el congelador, por si las dudas. Nos vemos en la noche, amor”.
Último recurso
Siempre estuve enamorado de Rosalinda. Una noche, en tercero de secundaria, medio ebrios, nos dimos unos besos. Después solo fuimos amigos, hasta que llegó el Pelón y la embarazó. Conocí a su bebé, pero me hice a un lado, a pesar de que la maltrataba. Años de mala vida la dejaron mal de los riñones. La fui a ver, ya divorciada, al hospital. Estaba en las últimas, pero aún la veía yo tan bella. Le confesé mi amor y pareció darme entrada. Obediente, como fiel enamorado, una semana después, la ayudé a llegar a la azotea y la dejé que se tirara del octavo piso. La muerte fue asentada como suicidio, en efecto, aunque el médico forense siempre se preguntó por qué a aquella hermosa suicida le faltaba el corazón.
Del libro El reino de la brevedad, Infinita 2021
Daniel Zetina, Ciudad de México, 1979, escritor, editor, tallerista, ha publicado 30 libros en diferentes géneros. En 2004 fundó el sello Ediciones Zetina, donde publica literatura crítica contemporánea. Su columna Un escritor en problemas sale los viernes en La Unión de Morelos desde 2019. Conduce el programa de radio Infinita Literaria por Radio Cusa y la revista Infinita Literaria. Puede seguirlo en TikTok @danielzetinaescritor


