Máximo Grado regresó a Monterrey con una presencia firme, tranquila, de esas que no necesitan gritar para sentirse.
Estar en el Festival ARRE, dijeron, es especial: hay selección, hay historia y, sobre todo, hay un público que recuerda.
Aunque no han venido tantas veces al norte como quisieran, saben que aquí hay gente que los ha seguido desde hace años y eso, para ellos, vale más que cualquier campaña publicitaria.
Sobre el nuevo material, confirmaron que el disco que estaban preparando para noviembre se mueve a febrero —porque hasta las plataformas toman vacaciones. Lo importante es que viene fuerte: colaboraciones potencia, voces femeninas con historia y fuego, y un sonido que, según dicen, puede llegar a superar a Somos Leyendas.
Pero el momento que dejó más silencio en la sala fue cuando hablaron de lo que significa seguir girando después de tantos años.
Carreteras infinitas, desveladas, escenarios, vuelos, hoteles y el brillo que a veces se ve más desde afuera que desde adentro.
La respuesta fue sincera: “Lo que más duele es el tiempo lejos de la familia. El tiempo pasa y tus hijos crecen… y tú no siempre estás ahí.”
Lo dijeron como quien sabe lo que cuesta sostener una carrera sin soltar el corazón y aun así, hay algo que lo compensa todo: Cuando el público canta.
Y eso, en la vida y en la música, es lo que lo mantiene vivo.
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