Monterrey, Nuevo León. En la música de Luisa Almaguer hay algo que se siente profundamente humano: una mezcla de ternura, desobediencia y verdad. Su voz —una de las más singulares de la escena mexicana contemporánea— habita un territorio donde el rock, la intensidad emocional y la sensibilidad política se entrelazan con naturalidad.
Originaria de Azcapotzalco, en la Ciudad de México, Luisa recuerda su infancia con imágenes que parecen pequeñas postales sonoras: la voz de su madre cantando, el sonido de los pájaros entre árboles grandes y el silencio inesperado de una colonia tranquila dentro de una ciudad que suele ser puro vértigo.
“Mi mamá siempre fue muy de cantar… muy arrulladora”, cuenta y quizá ahí comenzó todo: en esa mezcla de voz, calma y afecto que hoy todavía se filtra en su música.
Su obra ha ido construyendo un universo propio. Discos como “Weyes”, reconocido por Rolling Stone entre los mejores álbumes latinos del año, han conectado con públicos diversos precisamente por su honestidad emocional. Para Luisa, ese reconocimiento llega con sorpresa pero también con gratitud.
“Mientras más genuino sea lo que haces, más gente puede conectar”, dice.
Parte de esa autenticidad también viene de las influencias que marcaron su camino. Al hablar de figuras como Rita Guerrero, Julieta Venegas o Jessy Bulbo, no menciona únicamente su talento musical. Habla de algo más importante: la desobediencia.
“Siempre estaban retando lo normal, lo mainstream… eran mujeres muy mal portadas y eso es de admirarse”.
Esa actitud también atraviesa su propia propuesta artística. Sobre el escenario, Luisa busca algo muy simple y muy difícil a la vez: ser transparente. No esconder los nervios, no fingir emociones, cantar cada canción recordando lo que intentaba expresar cuando la escribió.
Pronto esa intensidad llegará a un escenario enorme: Tecate Pa’l Norte 2026, donde se presentará por primera vez en Monterrey. Curiosamente, los festivales masivos pueden sentirse más íntimos de lo que parecen.
“A veces cuando hay mucha gente se vuelve una masa y tienes que concentrarte mucho en ti misma. Y desde ahí sale todo”, explica.
Pero Monterrey es solo una parada en un momento particularmente emocionante de su carrera. Este año también emprenderá un tour por Europa, con fechas en ciudades de países como Suecia, Suiza, Holanda, Dinamarca y España. Una experiencia que ya le dejó momentos entrañables, como un concierto en Berlín donde gran parte del público era latino.
“Fue como estar en México, pero en Berlín”. comparte.
Aunque reconoce que el arte no necesariamente cambia los sistemas, sí cree en el poder de la genuinidad como forma de incomodar estructuras y abrir espacio para otras voces dentro de la industria musical.
Y si alguien descubre su música por primera vez en el festival, su deseo es sencillo:
“Ojalá que algo les mueva”.
Porque al final, entre guitarras, emociones crudas y palabras que no temen decir lo que piensan, la música de Luisa Almaguer funciona exactamente así: como un pequeño movimiento interno que no se puede ignorar.

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