Monterrey, Nuevo León. Ivy y Theo están frente a una psicóloga que parece achicarse ante el desarrollo de la dinámica que les ha encargado realizar; la tarea era simple, enlistarse 10 cosas buenas sobre el otro. Ninguno llega a decir más 3 aspectos positivos cuando ya están insultándose y haciendo inteligentes bromas sobre el otro. Lo suyo no tiene compostura, les dice su interlocutora. No hay otro camino más que la separación definitiva.
Dirigida por Jay Roach y con guion de Tony McNamara, llega esta semana a pantallas grandes Los Roses, adaptación libre y actualizada de la novela The War of the Roses (1981) de Warren Adler, de la que se había realizado ya una versión cinematográfica en 1989.
La historia combinando flasbacks y saltos en el tiempo, para contarnos los infortunios de la vida en pareja de Ivy y Theo Rose, desde su apasionado primer encuentro y la singular manera en la que construyen su familia, hasta la inevitable y aparente separación que sobreviene al cambio radical en sus carreras: él, un prestigioso arquitecto, sufre un fracaso profesional; ella, una chef talentosa, alcanza repentinamente el éxito.



El director se apunta un acierto construir una atmósfera familiar aparentemente armoniosa —salpicada de humor irónico—, Lugo de adelantarnos un atisbo del confilicto principal,para luego escalar dramáticamente hacia un enfrentamiento. Esta progresión gradual permite que el choque entre ellos adquiera un peso emocional mayor. Aunque pudiera parecer que este estallido emocional (lo mismo triste que hilarante), llega demasiado tarde, como si la tensión construida en un principio se fuera diluyendo y se quisiera estirar la liga introduciendo pequeñas escenas que funcionan más bien como sketches de Saturday Nigh Live.
Las actuaciones por otro lado son el motor del filme, Benedict Cumberbatch y Olivia Coleman hacen gala de todas aquellas habilidades previamente mostradas en dramas y las vacían en una comedia negra que se sostiene justamente por la química de ambos en pantalla.
Los espacios que habitan los personajes resultan también un protagonista interesante de analizar. La casa que con esfuerzo y dedicación construyen por años, no solo se convierte en el escenario d ela batalla final sino que es el motivo (o excusa) de que la misma se lleve a cabo. Este contexto permite resaltar la vida próspera y cómoda de los personajes contrastada con la miserable vida de pareja que llevan.
Aunque el humor es realmente efectivo y la película está escrita de una forma que resulta contemporánea a cualquier grupo de edad, algunos chistes carecen de la mordacidad y acidez que caracterizaban a su versión cinematográfica previa e incluso a otras comedias estrenadas en este año.


La película es definitivamente una opción para finalizar el verano cinematográfico con (si, otra) una adaptación, pero esta vez fuera de los lugares comunes de lo que nos ofrece la cartelera, con actuaciones de calidad y un humor que convence desde la primera escena.

Búscala en tu #cinepolis de confianza.


