Autor: Monserrat Arias
Hoy estás dispuesto a vivir la cita más esperada de tu vida. Desde que naciste, has vivido en este pueblo, en el que no hay más que unas pocas tiendas, campos, árboles y ancianos. Conoces a la misma gente desde hace años y te parece insoportable. Pero hoy, todo ha cambiado. Después de un largo tiempo de verla andar por el bosque, de seguirla a escondidas; al fin hoy, ella te ha mirado y te ha invitado a su cabaña. ¡Qué mujer tan misteriosa es aquella que habita en el bosque! Su belleza no se compara con ninguna otra.
Has soñado infinidad de veces que te pierdes en su larga y oscura melena negra, que tomas su mano y te lleva a conocer los rincones recónditos, aunque vive en una cabaña solitaria, parece que es la dueña del terreno. Has imaginado que tocas su piel morena y puedes sentir la delicadeza de su carne, pero pronto todas esas imágenes se desvanecen entre tus dedos. Ella no sabe que es la protagonista de tus noches de desvelo, en las que fantaseas con su diminuto y delicado cuerpo montado sobre el tuyo, en la inmensidad del silencioso bosque.
Muchas cosas se dicen de ella. Los rumores cuentan que quedó huérfana desde temprana edad, por eso aprendió a vivir en soledad. Algunos dicen que es extraña, no logró adaptarse a la vida del pueblo. Ella no está sola, en esa cabaña, habita acompañada de muchos gatos. Has tratado de contarlos cuando la espías, pero se mueven tanto que no puedes seguirles la pista, ni reconocerlos uno de otro.
Antes de prepararte para el encuentro, descansas en tu cama y cierras los ojos. Sueñas que la espías una vez más y la ves entre los árboles danzando una música muda o una melodía que solo ella escucha, alrededor están todos sus gatos expectantes y atentos. Se mueve con el viento. Su cadera es un vaivén que se menea lentamente. Quieres tocarla, ardes en deseo de poseerla y no puedes controlar el impulso.
Despiertas excitado y maravillado. Esperas que el encuentro suceda. Entonces recuerdas que no has escuchado su voz. Debe tener un timbre dulce. ¡Qué suerte que hayas sido tú y solo tú el hombre en el que ella se haya fijado! Tampoco es que tuviera elección son tan pocas las opciones, que tú pareces la más pertinente. Los demás solo son campesinos que aran sin descanso. A ti te encantan los misterios, siempre te has guiado por tu espíritu curioso, tal vez eso es lo que ella vio en ti.
Es extraño que puedas entender su lenguaje carente de palabras. Te descubrió espiándola, entonces te señaló el cielo, el caer de la tarde y después, te mostró nueve dedos. Esa sería la hora.
Te encuentras nervioso, jamás has acudido a una cita como ésta; es más nunca habías tenido una cita real, pues ninguna mujer te interesaba, solo ella. La tarde noche cae poco a poco. El tono naranja se entremezcla con el azul profundo hasta que se pierde en el firmamento y una luna brillante y rojiza ilumina el cielo. La luna de sangre característica de octubre. Dejas que la tenue luz te guie hasta la cabaña.
En el camino, tu vista te engaña, los árboles se mueven y se bifurcan, trazándote, el rumbo. Te cuestionas si estás haciendo bien al acudir a esa cita, pero es tanto el deseo por ella que las dudas se evaporan.
Te estás acercando a la cabaña, el aspecto de la vivienda ha cambiado, no es un lugar iluminado, sino un sitio tétrico y descuidado. La puerta principal se abre lentamente y ahí aparece ella estirándote la mano. Su vestido negro de satín roza tus brazos y un escalofrío recorre tu médula espinal. Atrás quedó el frío de la noche. Ella te acerca a la chimenea, para que te relajes un poco. La decoración es modesta, pero organizada. Ella se sienta al pie del fuego y cepilla su cabello. Tú te incorporas y caminas para explorar. Un estante lleno de frascos llama tu atención. Te acercas más para verlo. En algunos, hay fetos de animales y te parece curioso, hasta que ves más abajo y encuentras uno con una lengua, otro con un par de dedos, uno más con ojos y el último contiene un miembro viril. Horrorizado volteas a verla y ella sigue impasible, cepillando su cabello.
Dudas sobre tu estancia en ese extraño lugar y el miedo te recorre; pero ¿qué pensaría aquella bella mujer si te fueras? Ignoras lo que acabas de encontrar y continúas explorando. Te tropiezas con un atril que porta un libro muy viejo, lo tomas con curiosidad y te percatas de que está forrado en piel humana. No comprendes qué son o qué significan todos esos símbolos raros, nunca habías visto algo así. ¿Qué es todo esto?, te preguntas. Ella se ha levantado y pone la mesa. Tú sigues investigando y piensas que, si algo se concreta entre los dos, tendrás que apartarla de ese mundo extraño y sombrío. La cabaña solo es un cuarto abierto, y al fondo ves una enorme cama cubierta con pieles de animal y encima de ella los gatos que te observan y te siguen con la mirada. Uno baja de la cama y se te acerca, lo cargas y ves sus ojos azules, en ellos hay una desesperación, como si quisiera comunicarte algo. Ignoras el mensaje. Todo está tan fuera de lo común, pero bien podrías acostumbrarte a ello; piensas.
Ella te toma del hombro y te lleva a la mesa. Los platos y las copas son de madera. No hay cubiertos. Encima de los platos hay pedazos de carne cruda, uvas y un puré de papa. Las copas están llenas de un líquido oscuro, nada apetecible y ¿qué es ese olor? De pronto el gran cuarto se inunda de una pestilencia a carne podrida. La náusea te invade. Ella te señala que comas y por cortesía muerdes un trozo de carne que aún conserva su hueso. En tu boca sientes la consistencia dura y chiclosa. El sabor es tan insoportable que bebes de la copa. El contenido no tiene olor alguno, pero te asquea la consistencia espesa; descubres que es sangre.
Confundido, te levantas de la mesa. Ella ve tu miedo. Caminas hacia atrás porque quieres vomitar. Te reclinas de lado junto a un muro y devuelves todo lo que has ingerido. De tu boca sale un líquido negro y pestilente. Te mareas. Tu visión se vuelve borrosa y tus movimientos lentos. Tratas de sujetarte de algo y de pronto crees que hay alguien más en el cuarto. Cuando alzas la vista, en el muro encuentras un cadáver fresco al que le faltan ciertas partes del cuerpo. Tú y ella comieron de ese cuerpo. Quieres huir, ¿cómo confiaste en esa mujer? y ¿cómo te dejaste sorprender e hipnotizar por su belleza?
Lo has descubierto todo. No es quien pensabas. Ella te acorrala, mientras lanza una carcajada grave, como salida de lo más profundo de sus entrañas. Caes al piso, tratando de cubrirte el rostro. No quieres ver lo que está a punto de hacer. Su figura se ha transformado en algo irreal: esas finas piernas se desprenden de su cuerpo, las manos se le han caído y su rostro se ha derretido cual velo. Sus largas garras se posan en su vientre y se arranca el resto de la piel que aún le queda. La sangre escurre por el cuerpo verdadero. Un hocico prominente sobresale de su rostro y miles de dientes afilados al interior. La ves a cuatro patas, cubierta por pelo. Ella toma los restos de la piel que se ha quitado y la deglute en un solo bocado.
Buscas ayuda. Alguien debería de oír tu llanto, pero recuerdas que estás metido en una profundidad sin salida, donde la civilización no llega. Estás solo, es el final. Tratas de pensar en todas esas cosas que la gente piensa cuando muere: ver la película de tu vida, recordar los buenos momentos; pero no puedes, estás petrificado por el horror. Ella se levanta en dos patas y ves su figura al doble de su tamaño real, poco a poco se acerca a ti y sientes una punzada y ardor terrible en el pie. Te ha mordido y mastica tu carne. No hay escapatoria, por más que grites nadie vendrá a auxiliarte. Solo son tú y esa cosa que habita en el bosque.
Tus ojos se cierran. A ratos pierdes la consciencia por el dolor. Tocas tu abdomen y encuentras mordidas. Entre visiones, observas que después de saciar su hambre, ese ser se coloca las piernas que se le cayeron. Del cadáver resguardado entre los muros, toma el rostro y lo coloca como fina máscara. De un momento a otro ocurre la transformación y vuelve a ser una mujer bella.
Ya no entiendes nada, no tienes experiencia en estas cosas, pero sabes por qué los habitantes del pueblo no se acercaban a la cabaña. Ellos te advirtieron que no acudieras a la cita, pero tú ensimismado en el deseo, fuiste.
Ella se acerca a lo que queda de tu cuerpo. Su fina mano te toma del mentón y te da algo de beber, mientras te susurra con una voz dulce y cariñosa: ¡Ahora eres parte de los míos!
Estás abriendo tus ojos. Sientes el calor de otro cuerpo. Volteas tu vista y estás rodeado de gatos. Te encuentras recostado sobre la cama cubierta de pieles. Ya nada te duele, pero no puedes huir de ese lugar. Ahora, eres parte de ellos. Bajas tu mirada y te ves posado en cuatro patas. ¿Qué ha pasado?, ¿por qué estoy en este cuerpo?, ¿qué fue lo que me hizo?, te preguntas. Tratas de hablar con los demás, pero de tu boca solo salen maullidos incomprensibles. Tus compañeros te miran indiferentes. Escuchas un ruido en la puerta y ves a otro hombre entrando a la cabaña. Otro hombre que pronto será tu compañero en ese espacio. Otro hombre que será devorado y transformado a merced de su ama. Ya nada te importa y comienzas a lamer tu hermosa y peluda pata blanca.
Sobre la autora:
Montserrat Arias es Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa. En sus escritos, podemos encontrar la constante preocupación por la muerte, la existencia, el vivir cotidiano, el terror, el erotismo, el amor, el desamor y también, una crítica social. Ha publicado algunos de sus textos en blogs literarios y en revistas digitales.



Muy buena historia, te deja con la intriga si es una bruja o que ser
Cierto .