Monterrey, Nuevo León. Poco antes de las nueve de la noche, el Escenario GNP Seguros comenzó a llenarse de gente de todas las edades. Algunos llegaron en atuendos elegantes, otros con ropa más casual, pero todos compartían la misma chispa en los ojos: la emoción de vivir un concierto que prometía elegancia, nostalgia y, sobre todo, voces capaces de erizar la piel.
Mientras el público tomaba asiento, las bocinas nos regalaban clásicos inmortales: Sinatra con “You Make Me Feel So Young” y “That’s Life”, “My Girl” de The Temptations, la voz de Louis Armstrong en “What a Wonderful World” y la inconfundible “Feeling Good” de Nina Simone. Era como si el tiempo retrocediera unos años y nos preparara para un viaje musical lleno de emociones.
Quince minutos después de la hora pactada, las luces bajaron y sobre el escenario aparecieron Steven La Brie (EE. UU./Mexico), David Miller (EE. UU.), Sébastien Izambard (Francia) y Urs Toni Bühler (Suiza). Cuatro trajes impecables, cuatro nacionalidades y un mismo proyecto que desde hace dos décadas ha redefinido la ópera pop: Il Divo, esta vez en su formato más íntimo, By Candlelight.

Un viaje entre luces y voces
La propuesta escénica no pudo ser más acertada: velas, luces suaves y organzas que creaban sombras profundas, casi tan intensas como sus voces. Entre canciones, cada integrante compartió parte de su historia personal, cómo llegó a Il Divo y qué significa para ellos estar de vuelta en Monterrey. Y algo que sorprendió y encantó: hablaron todo el tiempo en español, conectando de inmediato con el público.
Steven La Brie, evidentemente emocionado, contó que parte de su familia es de Monterrey y que entre los asistentes estaba su abuelo. Como regalo especial, interpretó “El Triste” de José José, un momento que dejó al venue en silencio absoluto antes de estallar en aplausos.
David Miller recordó sus días de infancia escuchando soundtracks de Broadway y cómo esa pasión lo llevó a estudiar en un conservatorio. Su solo de la noche fue “Pity the Child”, del musical Chess de ABBA, mostrando una fuerza interpretativa brutal.
Por su parte, Sébastien Izambard enamoró con “Volver a Amar” de Cristian Castro, mientras Urs Bühler se mantuvo elegante y sólido como siempre, sosteniendo los cimientos líricos de la agrupación.




Canciones que se vuelven hogar
El repertorio fue una montaña rusa de emociones: desde la melancolía de “Wicked Game” y la intensidad de “Unbreak My Heart”, hasta el tango “Por una cabeza” de Gardel, el clásico “Abrázame”, el himno espiritual “Hallelujah” y “Hero”, de Mariah Carey. También hubo un guiño especial al talento mexicano con el pianista y director musical, quien interpretó una emotiva versión de “Ya no estás más a mi lado corazón”.
Uno de los momentos más inesperados ocurrió cuando, en medio de una canción, los cuatro se sentaron al filo del escenario para firmar discos y pósters que los fans les pasaban, sin perder concentración ni romper la atmósfera.
El cierre fue perfecto: “El Final/My Way” —primero en español, después en inglés— y un encore inevitable con “Regresa a mí”, el tema que en 2004 los catapultó a la fama mundial.

Una noche para recordar
Il Divo no solo ofreció un concierto, ofreció un encuentro con la memoria y el corazón. Con dos décadas de trayectoria, el cuarteto sigue siendo un ejemplo de profesionalismo y pasión por la música. Y lo demostraron con un detalle que no pasa desapercibido: su respeto absoluto por el público, por cada nota y por cada historia que habita en esas canciones.
“Estamos enamorados de los mexicanos”, dijeron durante la velada. El público, con ovaciones de pie, les respondió con la misma entrega.
Cuatro voces, cuatro nacionalidades, un solo sentimiento: arte puro. Il Divo By Candlelight fue más que un concierto; fue una declaración de amor a la música y a quienes aún creemos en su poder para unir, emocionar y trascender fronteras.


