Monterrey, Nuevo León.El sábado 6 de septiembre, Escobedo se vistió de fiesta patria y de gala. Como parte del programa Transformarte en Verano, la gran Eugenia León llegó al escenario frente al palacio de gobierno —adornado con luces y colores tricolores— para recordarnos por qué su voz es patrimonio vivo de México.
Con un vestido azul brillante, majestuosa y luminosa, Eugenia regaló casi dos horas de música, memoria y emoción. Su setlist fue un homenaje al país: desde Fandango Aquí de Marcial Alejandro, con el que cerró la velada, hasta piezas de Oscar Chávez, Cornelio Reyna, el inolvidable Celso Piña con su Macondo, y un recorrido por canciones que nos hacen reconocernos como pueblo, como historia, como identidad.




En medio de la noche, la artista compartió: “Me da un enorme gusto estar en este escenario, pero sobre todo estar con ustedes, cantando con la ilusión de llegar a sus corazones. Espero lograrlo esta noche, por eso yo vengo a ofrecer mi corazón”. Y claro que lo logró: bastaron las primeras notas de Yo vengo a ofrecer mi corazón de Fito Páez para sentir un nudo colectivo en la garganta.
El público no se contuvo y pronto se levantó a bailar, aplaudir, ovacionar. Eugenia, la ganadora del OTI y poseedora de un Grammy a la Excelencia, demostró una vez más lo que significa ser una intérprete total: no solo canta, cuenta, interpreta, revive.
Para mí, verla fue un regalo personal: reencontrarme con la voz que me ha acompañado desde niña, aquella que le enseñó a mi hija sus primeras canciones. Y cuando cerró con El Ratón Vaquero, sentí el eco de mi infancia mezclado con la emoción de compartirlo ahora con la mía.








Al final, bajó con esa elegancia discreta que la caracteriza: saludó, sonrió, piropeó a una señora coronada como reina de la noche, y todavía tuvo un gesto generoso para posar con nosotros en una foto que guardaré como tesoro.


Eugenia León es eso: corazón de artista, corazón de México. Una mujer que canta, brilla, se prepara y se reinventa. Y que cada vez que sube a un escenario, nos entrega un pedazo de patria envuelto en música.


