Cobertura especial de: Alex Segovia
Monterrey se detuvo a las 11:11 para escuchar preguntas que ya conocía, pero que nunca había sabido cantar. Ela Taubert —la joven colombiana que en apenas unos años alcanzó un Latin Grammy y un lugar entre los nuevos nombres grandes del pop latino— regresó a tierras mexicanas con un recital tan íntimo como contundente el jueves 23 de octubre en Escenarios GNP Seguros.
Pese a haberla escuchado un par de veces en radio, confieso que llegué sin expectativas. Llevo quince años aferrado a los éxitos de mi adolescencia, pero bastó con la cuenta regresiva que abrió su presentación para entender el fenómeno. Desde el primer acorde, Ela transformó el auditorio en una cápsula emocional donde la vulnerabilidad era la regla.
Su público —tan cálido como expectante— respondió a cada pregunta con una ovación, construyendo con ella una empatía inmediata: la de alguien que se atreve a enfrentar el ciclo amoroso con valentía y convertirlo en poesía.



Un viaje entre la herida y la fuerza
El set fue una travesía emocional cuidadosamente hilada. Desde ¿Qué más quieres? hasta ¿Cómo pasó?, las preguntas fueron piezas de un mismo espejo. En temas como ¿Para qué? y ¿Es en serio?, la tristeza se mezcló con ritmos luminosos: “aunque duela, sigo bailando con mi sombra” —una de esas frases que convierten el dolor en motor. Ela nos recordó que cada emoción, sin importar su frecuencia, puede volverse una energía creadora.
En medio del show, la aparición visual de una mariposa sobre las pantallas encendió al público. No fue casual: ese símbolo —presente en toda su iconografía— representa la transformación que define su discurso. “Cambiar no es perderse, es encontrarse de nuevo” parecía decirnos con cada verso.

El clímax y la catarsis
El momento más poderoso llegó con ¿Y si eras tú?. Entre melodías nostálgicas y coros a todo pulmón, Ela convirtió la pérdida en libertad. La canción se volvió un recordatorio de que los ciclos se rompen, pero también liberan; que aceptar el cierre de una historia no significa rendirse, sino dejar espacio para el futuro. En ese punto, todo el auditorio cantaba con el mismo temblor: tristeza y esperanza conviviendo en una misma nota.
Y cuando llegó ¿Por qué soy así?, la introspección se hizo colectiva. La letra —un enfrentamiento directo con los propios errores— se sintió como un espejo compartido. Fue un grito de fuerza, una invitación a romper los patrones que nos encadenan.




La pregunta final
Ela cerró la noche con ¿Cómo pasó?, esa canción que más que responder, deja abierta la incógnita. Salimos del Auditorio con la sensación de haber asistido a una sesión de terapia masiva en formato pop. Y, fiel a su disco Preguntas a las 11:11, Ela Taubert nos dejó con una última duda personal, la que cada quien deberá responder a su tiempo.
“Salí del concierto con una sola pregunta rondándome: ¿cómo se transforma el dolor en belleza sin perder la verdad?”
Hace mucho que dejé de escribir mis emociones, sobre todo cuando creí entenderlas y dominarlas.



No conozco la artista pero con la nota me da genera una gran expectativa. Gracias por la narración ahora a escuchar la música !!
Excelente, adelante con los éxitos hoy y siempre