Monterrey, Nuevo León. Hay artistas que cantan canciones… y hay otros que conversan con la memoria colectiva. COX, el autodenominado Rey del Retro Pop, pertenece claramente al segundo grupo. Su visita a Monterrey no fue solo una entrevista: fue un viaje emocional por su historia, sus riesgos artísticos y su obsesión —muy consciente— por revivir clásicos sin convertirlos en imitaciones.
Desde el inicio dejó claro que la ciudad tiene un peso especial en su trayectoria. Hace dos décadas llegó con nervios, ilusión y un sencillo bajo el brazo: Mi gran noche, el tema que lo presentó ante el público mexicano y que marcó el arranque de un concepto poco común en ese momento —rescatar grandes canciones de íconos como Raphael, Camilo Sesto, Sandro o Roberto Carlos con una nueva lectura sonora.
El proyecto, hoy celebrado, no fue fácil al principio. COX recuerda que los medios no entendían la propuesta y que incluso fue duramente criticado. Sin embargo, el tiempo le dio la razón: la nostalgia musical se volvió tendencia y él ya estaba ahí desde antes de que lo retro fuera moda.
Actualmente promociona nuevas interpretaciones, incluyendo un homenaje a José José, a quien define como la voz más impecable que ha tenido México. El reto, dice, no es técnico sino emocional: cantar sin referencias previas, “desnudar” la canción y reconstruirla desde la propia experiencia. Para él, reinterpretar no es copiar, sino dialogar con la esencia del tema.


Su colaboración reciente con Baxter surgió de forma natural, tras escuchar su propuesta y comprobar que había nivel vocal y producción suficiente para honrar el repertorio clásico. El resultado —grabado en Mérida con el productor Jules— muestra esa química donde ninguna voz compite: ambas construyen una narrativa compartida.
En tiempos dominados por autotune y producción digital, COX mantiene una postura firme: la técnica vocal tradicional sigue siendo esencial. Continúa tomando clases de canto y compara depender de efectos con pedirle a un violinista virtuoso que toque Mozart con filtros electrónicos. Para él, la música necesita músicos.
Lo que viene en su agenda confirma que su proyecto está lejos de ser nostalgia pasiva. Prepara presentaciones en México y Centroamérica, además de un espectáculo especial homenajeando al Príncipe de la Canción con arreglos orquestales y una experiencia emocional pensada para hacer reír, llorar y recordar. Porque si algo tiene claro, es que un show no es una lista de canciones: es una conversación con el público.
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