Monterrey vivió una noche de banda, palomazo y homenaje eterno
Poco antes de las 9 de la noche del viernes 30 de enero, el Escenario GNP Seguros comenzó a llenarse de voces, expectativa y emoción. El público regiomontano llegó puntual para reencontrarse con canciones que no solo se escuchan: se sienten, se cantan a todo pulmón y forman parte del ADN del regional mexicano.
La cita fue con Luis Ángel “El Flaco”, quien regresó a la Sultana del Norte con un show que rompió la formalidad del concierto tradicional para convertirse en una reunión entre amigos, al puro estilo del palomazo sinaloense.
“Bienvenidos a todos, espero que se la pasen bonito. Esta noche será una noche espectacular llena de muchas emociones que vamos a vivir, primero Dios. Gracias”, expresó el cantante originario de Mazatlán al arrancar la noche, dejando claro que lo que venía era una fiesta musical cargada de sentimiento.



Banda, clásicos y una alineación de lujo
Desde los primeros acordes, El Flaco marcó el ritmo con temas como “La miel amarga”, “Abrazado de un poste” y “Mi último deseo”, mientras el público no dejó de cantar ni un segundo, creando una atmósfera cálida y completamente entregada.
El escenario se transformó en una auténtica constelación con la llegada de invitados especiales. Julio Preciado, figura fundamental del género, provocó una de las ovaciones más fuertes de la noche al interpretar joyas como “Acábame de matar”, “Mi gusto es”, “Mi tesoro”, “Te irá mejor sin mí” y “Mi eterno amor secreto”, canciones que el público coreó de principio a fin, sin reservas.






A la celebración se sumaron Juanma, Jessi Uribe y Luis Alfonso Partida “El Yaki”, reforzando esa sensación de camaradería que hizo que el concierto se sintiera cercano, espontáneo y genuino.
Uno de los momentos que más aplausos arrancó fue la presencia de Juan Preciado, heredero directo del legado del “Gigante de la Banda”, y la participación de Miguel Preciado, quien se robó reflectores al lucirse con el acordeón, demostrando que la dinastía musical sigue más viva que nunca.
Salomón y el desgarre norteño
La intensidad emocional subió aún más con la llegada de Salomón Robles, quien conectó de inmediato con el público regiomontano interpretando temas como “Un indio quiere llorar”, “Que me lleve el diablo”, “Por qué me haces llorar”, “Tragos de amargo licor” y “Gooku”, aportando ese toque bravío y nostálgico que atraviesa directo al corazón.
Un final para la historia
El cierre fue simplemente inolvidable. La despedida llegó con un popurrí de Juan Gabriel, un momento que unió generaciones y convirtió el recinto en un enorme coro, rindiendo homenaje a uno de los compositores más grandes de la música mexicana.
Así, Luis Ángel “El Flaco” confirmó por qué sus conciertos se han consolidado como experiencias inmersivas y emotivas: calidad vocal, cercanía con el público y una celebración honesta del regional mexicano, capaz de llenar recintos como la Arena CDMX y el Escenario GNP Seguros.
En Monterrey no solo hubo concierto. Hubo banda, hubo amigos… y hubo corazón.
Imágenes por: Arqueles García


