Monterrey, Nuevo León a 7 de diciembre 2025. Rigoberta Bandini aterrizó por primera vez en tierras regiomontanas y lo hizo como si hubiera bajado directamente de una peli de Almodóvar: vibrante, dramática, excesiva, deliciosa. Lentejuelas, cambios de vestuario, outfits imposibles y, sobre todo, unas botas rojas larguísimas que parecían gritar “¡Aquí estoy!”. Su electro pop —más bien electro pop con synth— recordó por momentos esos primeros discos de Mecano, pero recargados de acción, melodrama y estética de discoteca noventera tipo Amenábar en plena intensidad.



Desde antes de empezar, la teatralidad era evidente: las cortinas del Foro Tims estaban abiertas, como diciendo “aquí no hay secretos, aquí todo es show”. El fandom ya esperaba entre glitter, glam y vibes sesenteras, listos para recibir a su diva postmoderna. Ella entró poco después de las 7:30, acompañada por cinco musas que cantaban, bailaban y actuaban como si el escenario fuera un reality de talentos que mezcla comedia, drama y coreografías inesperadas. A un lado, el músico Esteban jugaba en los teclados mientras se sumaba a la performance.



La gira “Jesucrista Superstar Tour 2025” ha sido un triunfo absoluto, y Monterrey lo confirmó. Bandini llegó pletórica, emocionada y sin miedo a mostrarlo, entregando un espectáculo que fusionó su álbum Jesucrista Superstar con hits como Ay Mamá, Perra, Too Many Drugs y clásicos favoritos. Todo con una puesta en escena que ella misma planteó como un festival tipo Eurovisión: luces intensas en verdes, rojos, amarillos; cinco coristas que eran también cuerpo de baile; y una estética kitsch, demodé, con tintes de Cecilia, Mari Trini o Los Brincos, pero sin caer en la nostalgia barata. Rigoberta es revival y presente al mismo tiempo. Clásica y rabiosamente actual.
El público enloqueció con temas como Jajaja, C.X.T., In Spain We Call It Soledad, Miami Beach, Pamela Anderson, El amor y Amore amore amore, donde las bailarinas comenzaron a acercarse al público ofreciendo shots de tequila y el micrófono para declaraciones espontáneas. Entre risas, gritos y confesiones, alguien soltó: “Por ti me haría hetereo”, y el Foro Tims casi se cae de los aplausos.
Rigoberta se mezcló con su gente, dejó tocar, dejó acercar, dejó sentir. Luego llegó el bloque emocional: explicó cómo la vida no siempre es fiesta, que también existen momentos tristes que provocan fábulas, cuentos y canciones. De ahí se abrió paso hacia Los milagros nunca ocurren al salir de un after, Kaiman, Too Many Drugs, Ay Mamá, Busco un centro de gravedad permanente, cerrando con un agradecimiento honesto que dejó a más de uno con brillo en los ojos.



Así cerró la última presentación de 2025. Y sí: fue en Monterrey donde todo pudo ser posible. Un show europeo, íntimo, cercano, frenético, sentimental y absolutamente Bandini.


