Fredric Roberts y el arte como lenguaje universal
Monterrey, Nue o León. Estar frente a Fredric Roberts no es solamente conocer a un fotógrafo galardonado con obra exhibida en museos, universidades y espacios tan simbólicos como la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es estar frente a alguien que ha vivido, observado y entendido el mundo con una profundidad poco común, y que hoy decide devolverlo todo a través del arte.
Fred habla despacio, pero con una claridad que viene de la experiencia. Su historia atraviesa décadas en el sector financiero, juntas directivas, Nasdaq, museos, universidades y programas culturales, pero es justo después de retirarse, cuando decide dedicarse por completo a la fotografía, que su legado se vuelve verdaderamente transformador. No solo crea imágenes: crea oportunidades.
En Monterrey, ese legado se materializa desde hace años en un workshop que va mucho más allá de enseñar a tomar fotos. Aquí, 20 jóvenes —10 de Santiago, Nuevo León, y 10 de la Prepa Pablo Olivas— viven durante una semana completa una experiencia de tiempo completo: hospedaje, alimentos, acompañamiento constante y una inmersión total en la fotografía… y en los valores. Es un retiro creativo, humano y profundamente formativo.
Fred lo explica sin rodeos: esto no es un taller de tres días donde se presta una cámara y luego se desaparecen. Es un programa sostenible. Se regresa a las comunidades, se deja equipo, se forma a futuros maestros. Se acompaña. Se cuida. Se cree en los jóvenes.
Durante la rueda de prensa, Roberts compartió una historia que lo resume todo: una joven participante cuyas fotos siempre salían desenfocadas. No era falta de talento, era algo más básico: necesitaba lentes. El equipo lo detectó, la apoyó y consiguió que pudiera ver con claridad. Hoy, esa misma joven es quien ayuda a otros estudiantes a conseguir lentes. La fotografía le cambió la vida… y ahora ella cambia la de otros.



Fred insiste en volver a lo esencial: enseñar fotografía en modo manual. Entender la luz, el encuadre, la decisión. En un mundo donde todo se hace automático, aprender a decidir empodera. Y eso, dice, es lo más poderoso del proceso. Al principio los estudiantes lo odian. Al final, descubren que esa dificultad los hace sentir capaces de todo.
La exposición que inaugura este sábado —y que permanecerá un mes completo, de manera gratuita— es el resultado de ese proceso. Fotografías que hablan de reciclaje, economía circular, comunidad y entorno, pero sobre todo, imágenes que cuentan historias desde la mirada de jóvenes que han descubierto su voz.
Escuchar a exalumnos como Marvin Flores confirma que el impacto es real. Entró siendo un adolescente sin claridad sobre su futuro. Hoy está por terminar la carrera de Artes Visuales y ahora es maestro dentro del mismo programa que lo formó. La cadena continúa.
Fred lo dice con humildad: la genialidad no la enseñan ellos. Ya está dentro de los chicos. El taller solo quita la tapa. Y cuando eso pasa, lo que emerge es algo que no entiende de idiomas ni fronteras: arte puro.
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