Cobertura especial por: Alberto Castillo
Sam Raimi, director ya de culto gracias a una filmografía tan dispar en tono como The Evil Dead (1981) y Spider-Man (2002), regresa en 2026 con Send Help, una película de horror de supervivencia que hará las delicias de quienes conocen y celebran su estilo excesivo, físico y deliberadamente grotesco.
La cinta sigue a Linda Liddle (Rachel McAdams) y a su jefe Bradley (Dylan O´Brien) quienes tras un accidente quedan varados en una isla remota, obligados a convivir en un entorno hostil donde el instinto de supervivencia pronto se mezcla con viejos rencores laborales y tensiones emocionales. Lo que inicia como un relato de resistencia física se transforma gradualmente en una batalla psicológica que explota tanto el horror como la comedia negra.
En su trayecto narrativo, Send Help se convierte en una auténtica explosión de sangre, violencia y giros narrativos que encuentran el equilibrio adecuado entre el terror y el humor físico que ha caracterizado la carrera de Raimi. El director vuelve a demostrar su dominio del ritmo visual, utilizando encuadres exagerados, montaje dinámico y situaciones límite que rozan lo caricaturesco sin perder su capacidad de incomodar.



Es especialmente destacable la actuación de Rachel McAdams, quien logra transitar con soltura por distintas facetas de su personaje: de empleada resentida a mujer empoderada por sus propias habilidades de supervivencia. Su interpretación resulta genuinamente perturbadora, no sólo por la violencia explícita de sus acciones, sino por la forma en que incomoda al espectador al exhibir una transformación emocional tan abrupta como verosímil dentro de la lógica interna del filme.
Incluso el papel del jefe, que en un principio parece completamente soso y unidimensional, adquiere nuevas capas conforme se ve sometido a las torturas —físicas y psicológicas— de su ex empleada. Esta inversión de jerarquías laborales en un contexto extremo funciona como comentario irónico sobre el poder y la humillación, uno de los subtextos más interesantes de la película.
El guion puede resultar inverosímil en ciertos momentos, pero lo es sólo en la medida justa para mantener al espectador atrapado hasta el final. Raimi entiende que su propuesta no busca el realismo absoluto, sino una lógica interna donde el exceso se convierte en parte del espectáculo. El ritmo es adecuado para la historia que se cuenta, evitando estancarse y utilizando el humor físico como un elemento que suma a la tensión en lugar de diluirla.
En conjunto, Send Help se consolida como un festín sangriento y lúdico que reafirma a Sam Raimi como un cineasta capaz de conjugar el horror con la comedia sin perder identidad. Una película que no pretende reinventar el género, pero sí explotarlo con la energía y el descaro que han definido su filmografía desde sus inicios
En tu Cinépolis de confianza a partir del 29 de enero.

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