Romanticismo, baile y nostalgia desde Acapulco
Monterrey, Nuevo León. La noche del viernes 14 de agosto, el Foro Corona de Monterrey se convirtió en uno de esos lugares donde la música parecía abrir una puerta hacia otra época: baladas, disco, romance, guitarras, bajos y una estética sonora que recordó al espíritu de los años setenta, pero con la frescura de una banda que sabe perfectamente dónde está parada en el presente.
Los responsables fueron Los Vaguens, quienes regresaron por tercera ocasión a Monterrey para encontrarse con un público que ya los esperaba, pero que también recibió a una nueva generación de seguidores que llegó atraída por el alcance de sus canciones en TikTok



Originarios de Acapulco, Los Vaguens han construido una identidad alrededor de la llamada Balada Rock, mezclando sonidos nostálgicos, tropicales y modernos. Su propuesta tiene algo de bolero, algo de psicodelia, algo de rock y mucho de esa música romántica que parece haber sido diseñada para bailar pegado.
Y quizá ahí está uno de los secretos de su conexión: no intentan esconder su amor por el pasado; lo convierten en presente.

Una noche que comenzó con ritmo
Antes de que Los Vaguens aparecieran en escena, Roberto el Diablo se encargó de comenzar a encender el ambiente con una propuesta de ritmo cadencioso que, particularmente, consiguió captar la atención desde los primeros compases.
Después llegó Menino Bulle, proyecto de rock electrónico originario de Ciudad de México que actualmente trabaja desde una combinación de voces, guitarras, batería, bajo y sintetizadores. La banda, que comenzó su camino en 2014 y empezó a presentarse formalmente en vivo en 2016, mantiene una búsqueda sonora que se mueve entre el rock y la electrónica.
En lo personal, ambas propuestas funcionaron como un excelente prólogo para lo que vendría.
Porque después de ellos, el Foro Corona ya estaba preparado para viajar en el tiempo.
Poco después de las 10:15 de la noche, aparecieron Los Vaguens.

Y algo quedó claro desde los primeros minutos: no necesitaban una producción gigantesca para conquistar el escenario.
No hubo necesidad de visuales espectaculares, pantallas monumentales ni artificios. La banda se presentó con algo mucho más poderoso: canciones, músicos y una identidad perfectamente reconocible.
Al frente, Axel Mastache con esa voz varonil y una gran tesitura que terminó siendo uno de los protagonistas de la noche. Su interpretación tiene ese aire de galán de película setentera, una especie de mood que podría habitar perfectamente una película de Mauricio Garcés, pero trasladado al lenguaje de una banda independiente contemporánea y entonces comenzó la fiesta.
Una fiesta que no pertenecía exclusivamente a una generación.
El repertorio recorrió buena parte del universo de Los Vaguens: “Desvelos”, “Tropicaria”, “Lunares”, “California”, “Al Despertar”, “Náufrago”, “Ya No Hay Jardín”, “Júpiter”, “Girasoles”, “Mirada Salvaje”, “Vaguenmóvil”, “Último Adiós”, “Los Amantes”, “Penurias” y “Disco Malibú”, entre otras.
Cada canción parecía tener su propio momento.


Un sold out con espíritu de otra época
El Foro Corona lució completamente lleno.
No cabía prácticamente un alfiler, pero lo importante no era solamente la cantidad de personas: era el mood.
Había parejas, amigos, seguidores que probablemente llevan años escuchándolos y también rostros nuevos que descubrieron la banda gracias al alcance que una canción puede tener actualmente en redes sociales.
TikTok, en ese sentido, se convirtió en una nueva puerta de entrada al universo de Los Vaguens.
Lo interesante es que quienes llegaron por una canción viral terminaron descubriendo un repertorio mucho más amplio y una banda con casi una década de historia.
Entre baladas, música disco, melodías tropicales y rock, el público regiomontano respondió cantando, bailando y entregándose por completo.
La música de Los Vaguens tiene esa cualidad casi cinematográfica: uno puede imaginar una historia mientras escucha.
La noche terminó dejando una sensación difícil de describir: como si Monterrey hubiera recibido por unas horas un pedazo del Acapulco de otra época y comprobar que todavía existen canciones capaces de reunir generaciones, que el romanticismo no está muerto y que una banda puede mirar hacia los sonidos de los setenta sin convertirse en una pieza de museo.
Los Vaguens llegaron con sus canciones.
Monterrey puso el corazón.
Y entre ambos construyeron una de esas noches que uno quisiera volver a escuchar.
Imágenes por: Arqueles García


