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¡No lo toques!

Cine y Letras por Cine y Letras
junio 16, 2026
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Autor: Gerardo Chapa

Son las 4:00 de la tarde, en una mansión rústica estilo colonial, ubicado en Ixtapan, Edo. de México, la colonia: Sal de Mar. Se encuentra habitándola una mujer de nombre Carolina, 39 años, soltera. Prepara las habitaciones para huéspedes, ya que espera la visita de su mejor amiga de la infancia, viene para pasar una semana de vacaciones; cuestiones de trabajo del esposo. 

De pronto: se escucha el claxon de un vehículo, la visita que esperaba ha llegado. Del auto, desciende su amiga Natalia junto a su esposo. Carolina y Natalia, se saludan amigablemente.

–Años sin verte Carolina.

–Estás idéntica, Natalia. No has cambiado absolutamente nada.

–¿Deberás lo crees? Han pasado diez años y, ser mamá ha cambiado mucho mi ritmo de vida.

–Pues… la maternidad te ha sentado muy bien. Te ves muy bien. De verdad.

–Te presento a mi esposo—él se aproxima a saludar a Carolina. 

–Es un placer conocerte, Natalia me ha contado mucho de ti, que fueron amigas desde la primaria. Por cierto, soy Omar.

–El placer es mío Omar, definitivamente, eres el tipo de Nat.– Natalia carraspea, se muerde el labio inferior– Solo te conocía por fotos, pero en persona, te ves mucho más joven.

–¿Sí?, aunque soy quince años más grande que mi esposa, mantengo una dieta muy estricta y salgo a correr por las mañanas. Quizás, por eso no me veo tan viejo. –Omar le guiña el ojo izquierdo a su esposa.

–Sean bienvenidos, están en su casa– Carolina los guía con sus brazos hacia la entrada.

–¡¡Papiiii!!– Se escucha el grito de una niña saliendo del auto. 

–Aun batalla para quitarse el cinturón de seguridad– afirma Natalia.

–Ya voy mi amor– Omar camina hacia dónde se encuentra. 

–Ayuda papi, ya quiero bajar, me siento muy cansada– la niña alza sus brazos para que la carguen. 

–¿Cansada? De dónde hija, si has dormido casi todo el camino—Omar carga entre sus brazos a la niña.

–Qué niña más linda—Carolina le hace un cumplido.

–Saluda a la amiga de mami– Omar pone de pie a la pequeña. 

–Hola, me llamo Jessica, mi mami me dijo que te llamas Carolina ¿verdad? 

–Sí, soy Carolina– Ambas se saludan de mano– ¡Wow!, qué niña tan más educada—menciona Carolina. 

–Tienes una casa muy bonita amiga. 

–Sí, aún mantiene su diseño rústico, tiene más de un siglo de antigüedad. Pasemos. Por dentro es aún más bonita; le he hecho algunos diseños modernos. 

La familia entra a la casa. A su derecha se encuentra una cocina con un comedor pequeño y, a la izquierda, unas puertas corredizas de madera. Carolina las abre de lado a lado, les presenta el recibidor a las visitas, ahí mismo, se encuentra una sala clásica pero muy bien conservada. Suena un celular, Omar responde, le están hablando sobre la presentación del proyecto que tendrá lugar esta noche, abandona entonces la casa para atender la llamada. Las mujeres continúan hablando, sobre recuerdos de cuando eran jóvenes, la niña se adentra a la sala, mira las figuras de porcelanas, bastante extrañas, cuando de pronto, queda flechada por la figura de un osito de peluche color café, trae tejido un pantaloncillo corto hecho a mano y, un listón atado en el cuello formando un moño, ambos, azul marino. La niña se acerca, una vez frente al oso, dirige sus manos para poder tomarlo. Carolina, la dueña de la casa interrumpe la acción elevando su tono de voz: “¡No lo toques!”… En seguida su voz se hizo más suave: “no lo toques, por favor, el oso de esta sala no es un juguete, es especial”. La niña observa a la mujer con nerviosismo; nadie le había levantado así el tono de voz. Natalia pregunta: 

–Y, ¿qué tiene de especial? 

Carolina solo responde que es una reliquia de muchos años y, ha estado en su familia en tres generaciones. El valor que tiene es sentimental, por lo cual, nadie puede tocarlo. Natalia, sonriendo le dice a su hija, que se tiene que acoplar y respetar las reglas de esta casa. Carolina, se siente apenada por elevar el tono de voz a la hija de su amiga, por lo cual, rompe esa tensión, diciéndole a Jessica que una de las habitaciones de huéspedes se encuentra con juguetes más bonitos y, con los que puede jugar. Sin ningún problema. La niña acepta y, junto con Carolina y su madre, sube las escaleras para ver las habitaciones donde se van a hospedar. 

Horas más tarde, las mujeres preparan la cena, va ser una noche de chicas, ya que Omar se tuvo que marchar para asistir al evento de su trabajo. Carolina destapa una botella de vino tinto para así, acompañar la noche, Natalia corta algunos vegetales y, la pequeña Jessica se encuentra en el suelo jugando con unas muñecas; esto, frente a la entrada de la sala, dónde aún llega la luz de la cocina.

Jessica voltea hacia la sala, justo donde se encuentra el osito de peluche. Aprovecha la distracción de Carolina y su madre, camina sigilosamente, no hay luces encendidas en ese lugar. Justo enfrente del oso, gira su cabeza nuevamente para ver a las mujeres, que aún se encuentran conversando y bebiendo vino. Sujeta el osito de peluche ambas manos y lo observa con alegría, la niña ha desobedecido. 

De pronto, escucha una voz extraña y tenebrosa: “no lo toques” y suelta al osito de sus manos, este cae al suelo cerca de uno de los sillones. Voltea asustada por todos lados, no ve a nadie más que le haya hablado con esa voz desconocida. Se inclina para ponerse en cuclillas, quiere tomar de nuevo al osito. Un gruñido que proviene de debajo del sillón la hace detenerse de tomar de nuevo al oso, observa detenidamente en lo oscuro, un rostro pálido y arrugado de una mujer mayor que se asoma; eso la asusta, dos brazos largos con manos grandes la sujetan, es jalada de su brazo derecho con fuerza, la arrastran hacia debajo del sillón. Jessica grita desesperadamente: “¡Mamiiiii ahhhhhh, mamiiiiiii!” 

Natalia reacciona de inmediato, seguida de Carolina, corren hacia la sala, dónde solo se ven las piernas de Jessica que se encuentra debajo del sillón. Natalia la jala, se da cuenta que su hija está en un mar de sangre, sangra en grandes cantidades de su rostro, tiene un corte que desfigura el rostro de la niña, Carolina hace presión con su chamarra en la herida. Salen rápidamente de la casa para buscar auxilio. 

Las mujeres se encuentran en el hospital, un médico se acerca y les menciona que la niña ha perdido mucha sangre por el ataque de un objeto punzocortante, le realizó una sutura para cubrir el corte de treinta y dos puntos; el extremo de su boca al oído, por lo cual, le quedara una cicatriz. Natalia dice que no hubo ningún ataque, ya que ellas se encontraban muy cerca donde pasó el accidente; que tal vez se cayó jugando en la sala y, quizás, se golpeó en algún  lugar dónde, se pudo cortar la cara. El médico no se siente del todo convencido, y agrega diciendo que su brazo derecho presenta varias fracturas, con marcas visibles en la piel de maltrato físico; sin duda, provocado por una persona. Omar llega de pronto, había escuchado el mensaje de voz que le dejó su esposa: “Omar, estamos en el hospital, Jessica se cayó y está sangrando demasiado, date prisa, te necesito. Estoy muy asustada”.  

Omar, demasiado alterado se dirige a Natalia, de una forma bastante agresiva, la toma del brazo y pregunta a pleno grito: “¿Que carajos ha pasado? La única responsabilidad que tienes es de estar al cuidado de nuestra hija”, “¿Mi hija está bien? Necesito verla”. Carolina interrumpe pidiéndole que se calme, que todo fue un accidente y lo que pasó fue en cuestión de segundos. Al cual, Omar, también le dice que cierre la boca, de una forma molesta. 

El médico, de nuevo, al ver la situación, les pide que esperen, la niña se encuentra en cuidados intensivos y, que por el momento no puede recibir visitas, hasta que se encuentre en condiciones óptimas. “Necesito tener una conversación muy seria con los familiares”. Dice. 

Al día siguiente, solo pueden ver a la niña a través de una ventana. Aún se encuentra delicada y no ha recuperado el conocimiento. Una enfermera les pide de favor, hasta que la niña tenga síntomas estables de recuperación, pueden entrar a verla; por el momento no es necesario estar ahí esperando. Natalia y Omar están muy cansados, por el viaje en auto y, también por los hechos trágicos que ha pasado su hija. 

Carolina se ofrece para quedarse en el hospital y que ellos se retiren a su casa, para que Natalia pueda cambiarse de ropa, ya que la que trae puesta está manchada con sangre de la niña. Omar acepta, ya que necesita un respiro y se encuentra muy desesperado; tanto por su trabajo y por su hija. La pareja se dispone a retirarse, suplicando a Carolina, que cualquier cosa, les avise de inmediato. 

Omar y Natalia no se dirigen la palabra en todo el camino, ambos están molestos por la discusión en el hospital. Llegan a la casa de Carolina, al entrar, ven rastros de sangre de la niña; Natalia se tapa la boca, recuerda el momento que sacó a su hija moribunda en brazos. Omar observa en silencio el lugar y, se adentra a la sala, siguiendo y caminando por un lado el rastro de sangre. Sin pisarla. Recibe mensajes en su celular sobre el proyecto de esa misma noche, solo los lee, pero no responde. Natalia le pide una disculpa, lo abraza por la espalda, él solo responde que no es el momento, que mejor vaya a ducharse y se cambié de ropa, mientras que él se sienta en uno de los sillones a descansar. Natalia obedece, sube a la habitación. 

Omar se acerca al lugar donde hay más sangre, ve en el suelo el osito de peluche con manchas de sangre, lo levanta entre sus manos. De pronto, se escucha la voz de una mujer molesta: “No lo toques”, él pone su mirada frente del sillón, se encuentra la figura de una mujer, tiene vestimenta negra, el rostro pálido y arrugado con facciones de enojo. Omar suelta el oso de inmediato y, pone la mano izquierda en el pecho, lo que tiene es un infarto, no puede hablar por el miedo que le provoca esa extraña mujer. Omar cae al suelo, empieza hacer fuerza con dificultad, se arrastra de espaldas. Dos figuras, unas niñas con vestimenta blanca se manifiestan en el lugar de la sala, se ríen entre ellas, se acercan al hombre, y sus manos pequeñas, ambas niñas las terminan metiendo en la boca de Omar, empiezan a jalar, cada una en sentido contrario, así logran arrancar la mitad de la cabeza. 

En el hospital, la niña al fin reacciona, una de las enfermeras pregunta si se encuentra algún familiar cerca. En esos momentos, Carolina habla y dice que es familiar de la niña antes mencionada. La mujer entra a la habitación, acerca una silla hacia la cama donde se encuentra recostada Jessica, y le toma su mano, ella reacciona con dificultad para hablar, por el corte del lado izquierdo de su boca. 

–Perdón, lo toqué—le dice la niña a Carolina.

–Sí, lo sé– responde Carolina.

–La mujer… me atacó– Jessica sigue hablando con dificultad. 

–¡Shhhh!, no hables mucho. Tengo que avisar a tu mamá, ellos están preocupados por ti– Saca su celular, escribe y envía un mensaje de texto a Natalia– Jessica, ¿te han contado historias de miedo?– Carolina le pregunta a la niña.

–No—ella responde, al mismo tiempo con un gesto de negación con la cabeza.

–Escucha con atención, porque te la contaré, mientras vienen tus papás. 

Hace muchísimo tiempo, en mi casa vivía una mujer mayor, ella enviudó cuando era más joven. Nunca tuvo hijos, no es que no pudiera, solo que guardó muchos años de luto, por la muerte de su esposo. Era muy cariñosa con los niños que vivían cerca del vecindario, los consentía con galletas recién horneadas, o con dulces del extranjero, que traía cuando viajaba. Era una mujer rica, por lo cual muchos hombres querían pretenderla, pero ella se negaba. Un día, un hombre junto con su esposa e hijo fueron a pedirle trabajo. Ella aceptó de inmediato, por las condiciones que carecían estas personas. El hombre se dedicó al jardín, y el mantenimiento en general de la casa, mientras, que la esposa en quehaceres del hogar. La señora de la casa se encargaba de cuidar y jugar con el niño, estaba muy encariñada. El hombre la miraba constantemente y, cuando ella se daba cuenta, solo le sonreía. Ellos se encontraban por las noches, con el tiempo, ella empezó a tener síntomas de un posible embarazo, estaba contentísima porque al fin iba ser mamá, después de muchos años deseándolo. La esposa de aquel hombre tenía sus sospechas, hasta que una noche, lo siguió, efectivamente, él se encontraba con esa mujer, los vio besándose mientras que le acariciaba su vientre. La esposa entró en la casa para sorprenderlos, el esposo intentó detenerla, pero no lo consiguió, la mujer molesta empujó con fuerza a la señora que terminó golpeándose en el vientre con el filo de una mesita de cristal, que, a su vez, acabó rompiéndose. La pareja escapó del lugar y huyeron del pueblo. La señora perdió a su bebé con la caída que sufrió; iba ser un niño. Al día siguiente lo enterró en su jardín, plantó algunas semillas de flores silvestres, para mantener así el recuerdo de su hijo. 

Una tarde, dos niñas entraron a jugar al jardín, y terminaron desenterrando el cuerpo del bebé por accidente. Ella enfureció al darse cuenta que lo estaban sacando, las niñas gritaron, huyeron rápidamente del lugar. La mujer tomó el cuerpecito putrefacto de su bebé, cubriéndolo con unas mantas. Ya no decide volver a enterrarlo, sino que opta por llevarlo al horno e incinerarlo. Solo quedaron visibles algunas partes del cuerpo junto con el cráneo del bebé, y para mantenerlo aún más cerca, corta y saca algo del relleno de un oso de peluche, allí introduce partes de los restos en este mismo. Luego cose y repara con cuidado al osito de peluche. Lo viste con ropita echa a mano por ella misma, la cual tejía por las mañanas y, fingía que su bebé aún estaba vivo: en el osito de peluche. 

Por las noches, se escuchaba el ruido de un bebé llorando en el interior de su casa, proviniendo de la cuna dónde estaba el osito de peluche. La mujer lo cargaba en su pecho, pero no conseguía callarlo. Así estuvo por varias noches sin poder dormir. Hasta que una mañana, vio pasar a las niñas que se habían metido a su jardín. Les habló, para pedirles una disculpa ofreciendo galletas recién horneadas, las niñas, obvio, aceptaron entrar a saborear la merienda. Pero una niña más grande, observaba a través de las rejas de un barandal que las niñas entraban a la casa. Los padres buscaban a las niñas, no sabían nada de ellas y, ya estaba oscureciendo, Hasta que esa niña les dijo que habían entrado a la casa de la señora. Los padres y vecinos fueron al lugar; más la mujer no respondía al llamado. La multitud empezó hacer escándalo, hasta que abrieron la puerta con fuerza. Y en el lugar, encontraron a las niñas en el comedor, ambas vestían ropa blanca, con las cabezas separadas de sus cuerpos; la mujer las había decapitado, mientras que, estas mismas, antes fueron envenenadas con las galletas que ella había horneado. 

Los padres y los vecinos, la juzgaban de loca y de bruja por lo que esta había hecho. Y entre golpes, con palos y a patadas, la mataron. Pero la mujer antes de morir, maldijo el lugar, apuntando con su dedo hacia el lugar de la sala donde, se encontraba el osito de peluche; reflejándose en los ojos de este mismo, diciendo: “solo protegía a mi bebé, de cualquier peligro. Si alguien más lo toca, yo seguiré aquí y acabaré con todo aquel que quiera hacerle daño”. 

El osito de peluche ha estado por años en mi familia, nadie lo puede tocar, está maldito. Y es por eso que respetamos la maldición que quedó en ese lugar. 

En la casa, Natalia baja rápidamente a la sala, ha leído el mensaje que le ha enviado su amiga, dice que su hija ha despertado. Encuentra a Omar tendido de lado en uno de los sillones, le está dando la espalda. Ella se acerca y escucha los lloriqueos de un bebé, provienen de dónde se encuentra el osito. Lo ve en el sillón, manchado con sangre de su hija, lo toma en sus manos, escuchando en su mente la voz de Carolina (“no lo toques”); dirigiéndose a la cocina enfurecida, su hija se lastimó por su culpa. Saca de uno de los cajones unas tijeras para cortar y desmembrar pollo, Natalia lo empieza a cortar y se encuentra con los restos de un pequeño esqueleto, del interior saca un cráneo con algo de polvo. Eso la deja sorprendida. 

A su espalda, se observa la figura de una mujer vestida de negro, se acerca. Mientras que la luz de la cocina parpadea y se apaga. Se escucha un susurro extraño y tenebroso, muy cerca de su nuca: “No lo toques…”, voltea de inmediato y no ve nada, está aterrada y cuando gira a su derecha, la mujer la toma del brazo y se lo rompe, dejándole el hueso roto y expuesto, la sangre, abundante, empieza a chorrear. Natalia grita de dolor, se dirige a su esposo para pedir ayuda, tropieza con los juguetes de Jessica, cae al suelo, el miedo no la deja pararse, sigue a rastras, dejando sangre en la alfombra, cuando al fin llega con su esposo lo mueve. Del hombre cae al suelo la mitad de la cabeza decapitada, Natalia está conmocionada y, por detrás la mujer acecha y le clava unos alfileres para tejer en los ojos, acabando también con su vida.

La mujer toma el osito de peluche, tarareando una canción de cuna; sentada en el sillón se pone a coserlo por donde fue cortado, reparando también su pantaloncillo. Finaliza. Clavando de nuevo los alfileres para tejer en los ojos de Natalia que tiene a un lado. 

Ha pasado un mes de los sucesos trágicos en la casa de Carolina. Un auto se estaciona, y de él desciende Carolina y Jessica, ambas caminan hacia la entrada de la casa. Entran juntas, la niña ya no tiene los puntos de sutura, solo una cicatriz muy visible. Carolina, le dice a Jessica, que, a partir de hoy, ella vivirá en la casa, después de que sus padres fallecieran, no encontraron ningún familiar capaz de mantenerla, ella es la única candidata para poder hacerse cargo de ella de ahora en adelante. 

La niña se acerca al lugar de la sala, observa al osito de peluche con desprecio.

–¿Ellos murieron aquí, solo por tocarlo?– Pregunta a Carolina que se encuentra en la entrada del recibidor.

–Sí, solo por tocarlo, ellos se fueron de este mundo– se acerca Carolina, para poner su mano en el hombre derecho de la niña. 

–Yo también lo toqué, y no morí. ¿Me voy a morir?– Pregunta Jessica de una forma triste, con su cara cabizbaja. 

Carolina abraza a la niña, la suelta y camina hacia la entrada de la sala.

–Pronto lo descubrirás tú misma– Carolina cierra las puertas corredizas con fuerza. 

La niña gira, corre rápidamente hacia las puertas cerradas, intenta abrirlas, pero no puede. Del otro lado, Carolina presiona con fuerza para que la niña no pueda abrirlas. En el intento de querer hacerlo, el cuarto se empieza a oscurecer. La figura de la mujer aparece en el medio, la niña voltea, se asusta al mirarla, pide ayuda a Carolina, pero es ignorada diciéndole que todo terminara pronto. La mujer de vestido negro, se acerca a Jessica teletransportándose con rapidez, sujetando del cuello a Jessica, del miedo, comienza a orinarse encima, la mujer la levanta, agranda su boca mostrando unos colmillos enormes, comienza a morder a la niña en el rostro. Sangre. Empieza a fluir por debajo de las puertas. Carolina se aleja, caminando a la alacena de la cocina, toma una barra de pan blanco en bolsa, la pone encima del comedor, abre el refrigerador y saca los ingredientes necesarios para preparar un emparedado; cortando las orillas del pan con un cuchillo, vuelve abrir el refrigerador, toma una botella de agua, la destapa y le da un trago, limpiando el sudor de su frente con la manga larga de su blusa. Sale de la casa y se sienta en los escalones de la entrada de su casa. Con mucha tranquilidad. Hay niños jugando en la calle enfrente de su casa. Ella disfruta de su emparedado, mientras que aprecia un hermoso atardecer en sus rosales con flores de su jardín. 

Gerardo Chapa (China, N.L. 1989). Estudió Ingeniería en la Fac. de Ciencias de la Tierra, se ha desempeñado como policía razo y Comandante Primero en China, N.L. Actualmente es agente de ventas en Arca Continental. Su mayor pasatiempo es el cine de terror. Recién comienza a tomar talleres de literatura de terror y creación literaria, y ha comenzado a trabajar en su primera Antología de Relatos. 

Etiquetas: LecturaMonterrey
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