Monterrey, Nuevo León. La tarde y noche del sábado 16 de mayo dejaron claro que Monterrey sigue teniendo una de las escenas musicales más vivas y auténticas del país. El Dynamita Sessions en Rincón Tostitos reunió a distintas generaciones en una jornada donde la lluvia, el funk, el rock regio y la nostalgia terminaron mezclándose en una experiencia inesperadamente especial.


Todo comenzó cerca de las 6:30 de la tarde en el escenario del patio central con la presentación de Chris Méndez, músico regiomontano de esencia punk y parte de la nueva camada independiente de la ciudad. Mientras comenzaba a llover ligeramente y miles de asistentes llegaban acompañados de amigos, parejas o incluso familias completas, Chris encendió el ambiente con guitarras intensas, actitud rebelde y una energía urbana que conectó perfecto con el espíritu relajado del festival.
Su participación sirvió como una excelente introducción para una noche donde Monterrey volvió a demostrar por qué sigue siendo una ciudad profundamente ligada a la música en vivo.


Más tarde, el público fue convocado hacia el área principal del estacionamiento, donde se presentaría el cartel fuerte de la noche. Aunque la lluvia se intensificó por momentos y obligó a ciertos ajustes logísticos, todo terminó acomodándose para recibir a Los Amigos Invisibles cerca de las 8:00 de la noche y bastaron unos minutos para que la fiesta explotara.



Con una introducción musical elegante y llena de groove, la banda venezolana comenzó a envolver el espacio con esa mezcla irresistible de funk, electrónica y sabor latino que los ha convertido en una agrupación de culto en Latinoamérica. Poco a poco el público se fue acercando hasta llenar completamente el lugar.

La aparición de Julio Briceño terminó de elevar la energía. Con su ya característico cabello blanco, bailando constantemente y conectando directamente con la gente, el vocalista convirtió el concierto en una auténtica celebración colectiva.

Entre canciones, la banda agradeció regresar a Monterrey y compartió su emoción por coincidir con Plastilina Mosh en una noche tan significativa para la ciudad. Incluso dedicaron palabras de admiración a Jonaz y Rosso, reconociendo el impacto e influencia que la dupla regia ha tenido dentro de la música alternativa latinoamericana.
El setlist fue prácticamente una sesión de baile continua durante casi dos horas. Ritmos antillanos, bajos profundos y grooves interminables lograron que hasta los más tímidos terminaran moviéndose.
Después llegó el turno de Genitallica, quienes aparecieron con toda la irreverencia y energía que los caracteriza. Su presentación funcionó como un cambio perfecto después del funk tropical de Los Amigos Invisibles: guitarras más pesadas, actitud relajada y una conexión inmediata con el público regio que no dejó de cantar y brincar.
Aunque el set fue más corto de lo que muchos hubieran querido, la banda logró mantener el ánimo en lo más alto antes del acto principal y entonces llegó la espera más larga de la noche.



Casi una hora después de lo previsto, Plastilina Mosh finalmente apareció en el escenario poco después de la medianoche. Pero cualquier retraso quedó completamente olvidado desde el primer minuto.
Las pantallas llenas de visuales vintage, el humor absurdo proyectado durante el show y la vibra irreverente de Jonaz y Rosso hicieron que el público explotara de emoción apenas comenzaron a sonar los primeros acordes.


“Mr. P. Mosh”, “Millionaire”, “Afro Man”, “Disco Ball”, “Pervert Pop Song”, “Peligroso Pop” y “Te lo juro por Madonna” fueron parte de un recorrido cargado de nostalgia, baile y locura colectiva que terminó explotando con “Nalguita”, coreada prácticamente por todo el recinto… y probablemente también por los vecinos de los departamentos cercanos.


Uno de los detalles más interesantes fue ver la enorme mezcla generacional. Había personas que crecieron escuchando a Plastilina Mosh en los noventa como yo y también jóvenes descubriendo por primera vez la energía caótica y creativa de la banda en vivo.





Y es que Jonaz y Rosso siguen teniendo algo muy difícil de encontrar: una propuesta que incluso hoy continúa sintiéndose distinta.
La madrugada terminó todavía con más música. Al salir del concierto, muchos asistentes cruzaron el patio interno y se encontraron con Kaotico poniendo canciones guapachosas como “El Gran Varón”, logrando que la fiesta continuara unos minutos más antes de regresar a casa.
Cansados, empapados y felices. Así terminó una noche donde Monterrey volvió a sentirse profundamente musical.
Imágenes por: Arqueles García
Imágenes Genitallica cortesía: Luna Photography & Shop

