Monterrey, Nuevo León. Hay artistas que descubren su vocación con el tiempo y hay otros, como Patricio Labastida, que prácticamente nacen sabiendo hacia dónde quieren ir. Desde pequeño armaba obras de teatro con sus primos, escribía historias completas y disfrutaba cada festival escolar como si ya estuviera arriba de un gran escenario. Hoy, después de años de preparación, castings, musicales y televisión, ese niño inquieto está viviendo exactamente lo que soñó.
Originario de San Luis Potosí, Patricio encontró primero en el teatro musical un espacio ideal para desarrollar su creatividad. Producciones como Hoy No Me Puedo Levantar, Pipín y Cenicienta no solo le dieron experiencia, también le enseñaron disciplina, resistencia y entrega total.
“Creo que todos los que aman los musicales sueñan con hacer Hoy No Me Puedo Levantar. Fue muy retador porque había muchísima exigencia física y emocional”, recuerda.
Sin embargo, aunque disfrutaba profundamente cantar y bailar, poco a poco algo comenzó a moverlo hacia otro lugar: la actuación frente a cámara.
“Me fui enfocando cada vez más en la actuación y las cosas se acomodaron. Empecé con pequeñas participaciones y después llegaron proyectos más grandes”.
Pero detrás de cada personaje existe una realidad poco glamorosa que casi nadie cuenta. Patricio lo resume de forma contundente:
“El trabajo del actor no es actuar… es hacer casting”.
Y lo dice desde la experiencia. Porque antes de llegar a un set hay decenas de audiciones, nervios, esperas interminables y momentos incómodos. Incluso recuerda uno de los castings más caóticos de su vida, cuando sufrió un “blackout” total en plena prueba.
“No podía recordar nada. Literalmente si me preguntaban mi nombre, no lo hubiera podido responder”.
Lejos de frustrarse, aprendió que muchas veces la clave está en relajarse y confiar.
Actualmente, uno de los proyectos más importantes en su carrera es Mi Rival, serie que grabó durante varios meses en San Luis Potosí, su ciudad natal. La experiencia fue tan cercana emocionalmente que asegura haberse convertido en una verdadera familia junto al elenco.
“Yo decía todos los días: disfruta esto porque no siempre vas a vivir algo así”.
Ahí interpretó a Beto Terrazas, un productor musical que, lejos del cliché del hombre controlador, entiende el amor desde un lugar más maduro.
“Él podía apoyar a María aunque no fuera correspondido como esperaba. Quise construir un personaje que entendiera que también se puede amar desde el compañerismo”.
Esa sensibilidad parece atravesar también la vida personal de Patricio. Habla de la música como una necesidad emocional, casi terapéutica. Aunque hoy su prioridad es actuar, cantar sigue siendo una parte esencial de quién es.
“La música me acompaña en todo. Incluso hago playlists para mis personajes para entrar en mood antes de grabar”.
Y sí, también escribe canciones. Muchas. Tiene cientos de notas guardadas en su celular con ideas, frases, emociones y escenas inspiradas por conversaciones, películas o momentos cotidianos.
“Cuando escribo siento que entiendo mejor lo que me pasa”.
Próximamente compartirá pantalla con Adriana Barraza, una experiencia que describe como intimidante y emocionante al mismo tiempo. “Mi primera escena fue directamente con ella. Ahí entendí que tienes que estar al mil por ciento desde la primera toma”.
Entre sus sueños pendientes está trabajar con Tim Burton, de quien admira la capacidad de construir universos propios y personajes fuera de lo convencional.
Mientras tanto, Patricio Labastida sigue avanzando paso a paso en una carrera que combina sensibilidad, disciplina y mucha perseverancia. Y quizá lo más bonito de todo es que, detrás del actor, todavía sigue existiendo ese niño feliz que solo quería subirse a un escenario todos los días.
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