Monterrey, Nuevo León. The Devil Wears Prada 2 logra algo poco común en una secuela: regresar a personajes profundamente queridos y encontrar en ellos nuevas capas. Veinte años después, Miranda Priestley, Andy Sachs y Emily vuelven con una historia que transita entre la nostalgia, el presente y las preguntas que siempre han acompañado a esta saga: el costo del éxito, la ambición y aquello que se sacrifica para permanecer en la cima.
La moda en el cine ha sido un territorio fascinante, de Breakfast at Tiffany’s a Zoolander, pasando por series como Sex and the City o Emily in Paris. Esta secuela entiende ese legado y lo retoma desde una mirada más madura, sin perder el glamour que convirtió a la original en un clásico.
Uno de los mayores aciertos está en Miranda, ahora enfrentando una industria transformada por nuevos códigos y una cultura distinta. Su reencuentro con Andy vuelve a detonar tensiones que hacen eco del conflicto original, pero con nuevas lecturas sobre poder, lealtad y éxito.

La película encuentra además una sororidad más marcada en la trama entre los personajes principales, vemos también a una Emily especialmente sólida y quizás más evolucionada que Andy, cuyo personaje conserva rasgos que remiten demasiado a la joven idealista del pasado.
Los nuevos personajes —Peter (Patrick Brammall), Amari (Simone Ashley) y Benji Barnes (Justin Theroux)— refrescan la historia, mientras cameos de Lucy Liu, Donatella Versace y Lady Gaga elevan el espectáculo con una memorable secuencia en Italia.
Y, por supuesto, Nigel sigue siendo uno de los grandes corazones del relato: visionario, leal y elegante, recordándonos que el verdadero lujo nunca necesita exhibirse.


The Devil Wears Prada 2 no vive solo de la nostalgia; encuentra nuevas razones para existir. Es un regreso encantador, emotivo y glamuroso a una historia que, definitivamente, sigue quedándose con nosotros.
En tu Cinepolis de confianza a partir del 30 de abril
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