Monterrey, Nuevo León. Hay conciertos que se sienten como un reencuentro, y el de Chetes en Foro Corona fue exactamente eso: una noche íntima, cercana y profundamente bonita para celebrar los 20 años de Blanco Fácil, ese disco que marcó a toda una generación.
Desde que llegamos se respiraba algo especial. Afuera y en el lobby ya había venta de merch y copias del disco en LP, un detalle que desde el inicio ponía a todos en mood nostálgico. La gente se veía emocionada, feliz de volver a encontrarse con un artista regiomontano tan talentoso como querido, de esos que no solo se escuchan, se acompañan durante años.
A las 9 en punto se abrió la cortina y apareció Lalo Vázquez. Y fue un gran arranque. El regiomontano vivió una noche importante, de esas que se sienten como un pequeño parteaguas. Con una propuesta honesta, fresca y muy conectada con el público, logró enganchar desde los primeros acordes. Se le veía agradecido, emocionado de abrir para Chetes y de pisar un escenario con ese peso. El público respondió cálido, atento, haciendo de su set algo más que un acto abridor: una declaración de que su proyecto empieza a escucharse.


Unos minutos antes de las 10 llegó el momento esperado. Chetes salió al escenario y arrancó con “Poco a poco”. Bastó la primera nota para que todo el Foro Corona cantara. Desde ahí la noche fue una especie de viaje en el tiempo.


Sonaron “Algo tienes que perder”, “Qué vas a hacer”, “Sobreviví”, “Que me maten” —uno de los momentos más entrañables de la noche cuando subió a su hija Lisa Garza a tocar guitarra con él y arrancar una ovación enorme—, “Completamente”, “El camino a casa”, “Regresa”, “Vete” y “El sonido de tu voz”.



Entre canción y canción el público no dejaba de gritarle “¡Te amo!”, como si más que un concierto fuera una reunión entre viejos amigos. Y eso tiene sentido si se piensa en la trayectoria de Chetes: desde Zurdok, pasando por Vaquero y su sólida carrera solista, ha construido una discografía que marcó el pop rock en español con sensibilidad, melodías memorables y letras que siguen acompañando.
Hubo un momento especialmente poderoso con “Querer”, de esos donde todos cantan como si la canción fuera suya.
Durante más de una hora, Chetes dio un show sencillo pero impecable, sin artificios innecesarios. Solo canciones, talento y emoción. Mostró su destreza al piano, la fuerza de sus composiciones y esa capacidad de hacer que cada rola suene viva, vigente.


Fue imposible no sentir que por momentos regresábamos a otra época. A esa juventud llena de discos rayados, pop rock bien hecho, noches eternas y canciones que parecían escribirnos la vida.

Más que celebrar un disco, Chetes celebró una historia compartida con su público. Y en un formato tan cercano e íntimo, todo se sintió todavía más especial.
Imágenes por: Isabella García

