Anuncia además para la emoción del público regiomontano su regreso el próximo mes de julio.
Monterrey, Nuevo León. La noche del jueves 22 de abril, la Arena Monterrey se convirtió en el epicentro de una velada profundamente emotiva con la presentación del cantautor Ricardo Montaner, quien regresó a la ciudad como parte de su gira El último regreso, logrando reunir a más de 12 mil asistentes en una experiencia cargada de recuerdos, sensibilidad y conexión colectiva.
Aunque el recinto aún no se encontraba completamente lleno a las 21:00 horas debido al tráfico, el ambiente comenzó a tomar forma con la participación del talento local Tanguma quien amenizó con 4 de sus canciones al público mientras llegaban y se acomodaban en su lugar y para eso de las 21:30 horas, llegaron los músicos y se colocaron cada uno con sus instrumentos para iniciar un medley instrumental con tintes de milonga, despertando la nostalgia entre los presentes. Minutos después, Montaner apareció en escena con su característico estilo sobrio —traje oscuro y tenis blancos— para abrir la noche con Yo que te amé, provocando una inmediata respuesta emocional del público.
El repertorio avanzó entre clásicos como Será, ¿A dónde va el amor? y Castillo azul, interpretaciones que destacaron por su carga íntima y la precisión musical de su banda, incluyendo momentos donde el piano y los arreglos de cuerdas envolvieron al recinto en una atmósfera casi cinematográfica.

Uno de los momentos más significativos ocurrió antes de interpretar La cima del cielo, cuando el artista compartió reflexiones sobre la soledad de la vida en gira y la importancia de la familia. Visiblemente conmovido, celebró que en esta ocasión sus hijos lo acompañaban, afirmando: “Hoy no me siento solo”, lo que generó una ovación prolongada. En ese mismo espacio, anunció su regreso a Monterrey en el mes de julio, noticia que desató la euforia entre los asistentes.
La velada también incluyó momentos más dinámicos con temas como “Cachita” y “La conga”, donde el público se puso de pie para bailar, contrastando con la intensidad emocional de piezas como El poder de tu amor, Me va a extrañar y Tan enamorados.



Más allá del repertorio, la noche se distinguió por la profunda conexión entre artista y audiencia: suspiros, miradas perdidas, sonrisas cómplices entre desconocidos y una sensación compartida de nostalgia que transformó el concierto en una experiencia íntima. Montaner reafirmó así su lugar como uno de los grandes baladistas de habla hispana, dejando claro que su música no solo se escucha, se vive.


