Monterrey, Nuevo León. La tarde caía tranquila en Nortex Festival 2026, pero había una vibra distinta en el ambiente. No era solo otro escenario más: era el reencuentro de Conjunto Oro con una ciudad que, como ellos mismos dicen, ya se siente como casa.
Entre risas, nervios confesados y una honestidad que no siempre se ve en ruedas de prensa, la agrupación dejó claro que lo suyo no es solo tocar… es construir historia con su público.
Después de su presentación —marcada por un cielo que amenazaba lluvia pero terminó respetando el momento—, la pregunta inevitable flotó en el aire: ¿qué sigue?
La respuesta no fue un anuncio espectacular, sino algo más interesante: incertidumbre creativa. Y eso, viniendo de ellos, es buena señal.
Están en ese punto donde todo puede pasar. Hablan de regresar al estudio, de pensar en música nueva, incluso de un posible disco en vivo. No hay ruta fija todavía, pero sí una intención clara: evolucionar sin traicionar su esencia.
Porque si algo quedó claro es que música tejana no se trata solo de nostalgia. Para ellos, es herencia viva. Es ver a niños en hombros cantando canciones que nacieron hace más de dos décadas. Es escuchar historias de fans que crecieron con su música porque sus padres la ponían en casa.
“Que la música no tenga estampa de tiempo”, dijeron entre líneas. Y lo están logrando.
Monterrey, por su parte, sigue siendo un termómetro especial. La banda recordó sus primeras visitas a inicios de los 2000 y cómo la ciudad ha evolucionado hacia una mezcla donde lo norteño, lo tejano y hasta lo country conviven con naturalidad. Hoy, ese público sigue respondiendo igual: con entrega total.
También hubo espacio para lo humano. Desde el nervio antes de subir al escenario hasta la confesión de ser alguien reservado fuera de él. Incluso bromearon sobre su poca afinidad con grabarse para redes, aunque no descartan abrir más esa puerta en el futuro.
En cuanto al sonido, lo tienen claro: experimentar, sí… pero sin perder la “cuadra” de Conjunto Oro. Tal vez una o dos canciones que salgan del molde, pero el corazón seguirá intacto.
¿Metas para 2026? Expandirse. Llegar a más ciudades de México como Ciudad de México, reconectar con lugares pendientes y, por qué no, mirar hacia Sudamérica, donde ya empiezan a recibir señales de audiencia.
Al final, más que un plan cerrado, lo que hay es hambre de camino. De escenarios nuevos. De historias por contar.
Porque si algo quedó flotando después de esta charla es que, para ellos, el viaje nunca ha sido solo tocar… sino seguir encontrando razones para hacerlo.


