Monterrey, Nuevo León. Si algo quedó claro en esta edición, es que Kevis & Maykyy, los queridos chicos del norte ya no son promesa: son presente y Monterrey lo sabe. Desde el momento en que pisaron el escenario, el ambiente se transformó en una celebración total, un grito colectivo de orgullo regio que se sentía en cada rincón.
Su presentación arrancó con un auténtico boom emocional: una intro cargada de imágenes icónicas de la ciudad —desde sus paisajes urbanos hasta esos lugares que cualquier regio reconoce al instante— funcionando como una verdadera carta de amor a Monterrey. No fue solo un show, fue identidad, nostalgia y pertenencia proyectadas en grande.
Durante la rueda de prensa, todavía con la adrenalina encima, confesaron seguir en shock. Y no es para menos: tocar en casa, con un público entregado de principio a fin, es el tipo de logro que no se olvida. Para ellos, este momento representa literalmente un sueño cumplido… uno que comenzó de forma casera y hoy los tiene en escenarios masivos.
Más allá del éxito, hay algo que los mantiene conectados con la gente: su autenticidad. Ellos mismos lo dicen —siguen siendo los mismos que se suben al metro o caminan por el centro— aunque ahora con el pequeño “riesgo” de volverse meme si se duermen en el camión.
En cuanto a su evolución, han aprendido a soltar el miedo: dejar de “hacerse los misteriosos” y entender que el público quiere música, cercanía y constancia. Esa mentalidad los ha llevado a crecer no solo en sonido, sino en propuesta escénica.
Y lo que sigue pinta aún más grande: nuevas fechas, más escenarios y una conexión con su público que claramente va en ascenso. Si este show fue una declaración de amor a su ciudad, lo que viene es una expansión de ese mensaje al resto del país.
Monterrey los vio nacer… y ahora los está viendo despegar.



