El tercer día de Tecate Pa’l Norte arrancó con una energía especial, y gran parte de esa chispa vino de Silvestre y la Naranja, quienes no solo abrieron escenario, sino también conversación en rueda de prensa con una honestidad que conecta tanto como su música.
La clásica pregunta —¿por qué ese nombre tan peculiar?— volvió a aparecer, pero lejos de cansarse, la banda la convirtió en un momento íntimo. Silvestre no es un concepto abstracto: es Patagonia, es infancia, es naturaleza. Es ese sur argentino donde todo comenzó entre amigos, veranos y paisajes salvajes. Y “la naranja”, lejos de lo surrealista, aterriza en lo cotidiano: árboles, origen, raíz. El nombre, como su música, tiene ese balance entre lo emocional y lo simple.
Ya en modo festival, confesaron que abrir un escenario principal temprano tiene su propia magia. Ver a la gente correr, llegar con emoción fresca, con esa ilusión de quien empieza el día musical… eso también los alimenta. Hay algo circular ahí: ellos fueron ese público alguna vez, y ahora están del otro lado recibiendo esa energía. Monterrey respondió como sabe hacerlo: con entrega inmediata.
Y aunque para muchos era el primer encuentro con la banda, ellos lo tenían claro: los festivales son vitrinas. El setlist fue diseñado como carta de presentación precisa, con canciones que funcionan como puerta de entrada a su universo. La sorpresa: compartir escenario con Daniela Spalla, en un momento que se sintió tan orgánico como necesario.


