Monterrey, Nuevo León. En el cine mexicano contemporáneo resulta poco común encontrar producciones que se asuman plenamente como películas de acción. Durante años, este género pareció quedar anclado a una época pasada, la de los pistoleros y los héroes rudos del cine popular, como si su vigencia hubiera terminado junto con aquella tradición. Por eso, resulta particularmente refrescante que en pleno 2026 todavía haya realizadores dispuestos a apostar por este tipo de historias, arriesgándose a construir un relato donde el movimiento, la violencia y la tensión sean el eje narrativo.
Venganza es una película sólida dentro de lo que se propone, aunque su guion da varios volantazos apoyados en la casualidad que resultan, por momentos, inverosímiles. Da la impresión de que buena parte de su planteamiento descansa en coincidencias que facilitan el avance de la trama más que en decisiones orgánicas de los personajes. Sin embargo, pese a estos tropiezos, logra desarrollar con éxito una historia que ya ha sido explorada en múltiples ocasiones por el cine: la del hombre atrapado en una espiral de rencor y justicia personal. Su mayor fortaleza se encuentra en las secuencias de acción, que —a diferencia de ciertos giros narrativos— se sienten verosímiles, bien construidas y, sobre todo, bastante disfrutables.
Las actuaciones de Omar Chaparro y Alejandro Speitzer están bien colocadas y funcionan en contraste. Sus personajes reproducen tropos conocidos: el superior militar obsesionado con su misión y el subordinado que no tiene otra opción más que seguirlo en ese camino. Aun así, la dinámica entre ambos resulta creíble y sostiene el conflicto central de la película. No se trata de interpretaciones que busquen romper con los moldes del género, sino de encarnar figuras reconocibles dentro del cine de acción.
Las actuaciones secundarias cumplen con su función narrativa, aunque ocurre un fenómeno interesante. Tal vez debido a la escasa relación que tenemos con el cine de acción hablado en español y protagonizado por actores populares, en algunos momentos la película parece estar actuada en un tono ajeno a nuestras convenciones habituales. Cuesta trabajo entrar del todo en ese registro, especialmente en el caso de Chaparro, quien —aunque desempeña su papel de forma adecuada— arrastra todavía la percepción de estar “en otra película”, una comedia distinta a la que el relato intenta construir. No es un problema de interpretación, sino de costumbre cultural frente al género.
Venganza deja entrever algo importante: el cine de acción en México necesita empuje y riesgo. Pretender competir con las grandes industrias sería incomprensible, pero eso no significa que no existan historias propias por contar desde este lenguaje. La película demuestra que hay un terreno posible para explorar, uno donde la acción no sea imitación, sino una vía para narrar conflictos locales con ritmo y ambición. Con sus aciertos y tropiezos, la cinta se convierte en un recordatorio de que este género aún puede encontrar un lugar dentro del panorama del cine nacional.
Fecha de estreno a partir del 26 de febrero
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