Monterrey, Nuevo León. Ayer, entre micrófonos, risas y confesiones inesperadamente honestas, el Hotel Presidente InterContinental fue escenario de una rueda de prensa donde Benny G dejó claro que Luis Miguel Experience no es un simple tributo: es una declaración de amor a la música, a la disciplina y a una obsesión artística que ha tardado décadas en tomar forma.
El concierto se llevará a cabo el 27 de febrero en Auditorio Santiago y promete una producción que, en palabras del propio artista, busca que el público “sienta que está viviendo un concierto de Luis Miguel”, pero sin caer en la imitación caricaturesca. Benny G lo repite con convicción: Luis Miguel es inimitable. Por eso su propuesta no es copiar, sino construir una experiencia escénica que honra la grandeza del ídolo desde el respeto y la técnica.
Fan declarado del “Sol de México” desde la adolescencia, Benny G comparte generación con él y creció siguiendo su carrera con devoción. Pero su historia no comienza como homenajeador, sino como cantautor. A los 16 años ya componía canciones y buscaba abrirse camino en la industria. En los años noventa vivió en Ciudad de México tocando puertas, participó como finalista en concursos televisivos y logró que productores de peso como Alex Sintek y Armando Ávila apostaran por su música original. El proyecto estuvo a punto de despegar, pero la vida tomó otros rumbos.
Tras una pausa de 15 años lejos de los escenarios —etapa en la que se consolidó como empresario— regresó en 2023 con una visión distinta: invertir en un espectáculo de alto nivel, con músicos de primer rango, mariachi en vivo, metales, coristas y una producción audiovisual que no escatima en detalle. Su meta no es la nostalgia fácil, sino la excelencia.
El repertorio será uno de los puntos más fuertes del show: casi 50 canciones en formato medley y arreglos nuevos, incluyendo temas que los fans no escuchan en vivo desde hace más de tres décadas. Benny G asegura que interpreta las canciones en la tonalidad original, apostando por la potencia vocal y el rigor técnico que exige un repertorio tan complejo.

Paralelamente, el artista prepara el lanzamiento de su carrera como solista bajo el concepto de “crooner contemporáneo”, un proyecto íntimo donde cantará historias propias y covers reinterpretados. Su música, dice, nace de experiencias profundas, caídas personales y reconstrucción emocional. Y esa carga humana también atraviesa su forma de subir al escenario.
“Un crooner conecta primero con la gente, luego canta”, explicó durante la charla. Y esa parece ser la clave de su propuesta: no disfrazarse de estrella, sino invitar al público a vivir un espectáculo donde la admiración se convierte en puente emocional.
El 27 de febrero no será sólo un tributo. Será un punto de encuentro entre fanatismo, memoria musical y la segunda vida artística de un cantante que decidió regresar cuando ya no tenía nada que demostrar… salvo su pasión intacta.
Imágenes por: Arqueles García
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