Inaugura la 78 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional
Monterrey, Nuevo León. El viernes 9 de enero arranca la 78 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, uno de los encuentros cinematográficos más relevantes para el público mexicano. En esta edición, la muestra reúne 11 películas provenientes de distintas latitudes del mundo, entre ellas México, Francia, Alemania, Irán, Noruega, Brasil, Tailandia, España, Ucrania, Japón y Túnez, reafirmando su carácter plural y su apuesta por el cine de autor contemporáneo.
La película encargada de inaugurar el ciclo es Sirat: Trance en el desierto (Sirāt, España–Francia, 2025), dirigida por Oliver Laxe y galardonada con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes. La cinta cuenta además con la producción de Pedro Almodóvar, quien respalda una de las propuestas más arriesgadas y poco convencionales del cine europeo reciente.
En Sirat, Laxe construye una odisea techno ambientada en el desierto del norte de África, una experiencia sensorial que desafía la lógica narrativa tradicional y se apoya en la música electrónica, el paisaje y el cuerpo como ejes centrales del relato. El director logra representar de forma más cercana, nítida y real la travesía de las comunidades rave, alejándose de estigmas habituales que las asocian únicamente con el ocio, las drogas o la marginalidad.
Desde sus primeros minutos, la película introduce al espectador en un espacio inhóspito: brazos ensamblando bocinas en medio del desierto, montañas rocosas rojizas y un rave que se levanta como un ritual colectivo. Cuerpos, rastas, mohawks y techno conforman fiestas clandestinas que se han realizado durante décadas, donde la música funciona como punto de unión y resistencia. La energía, sin embargo, se ve interrumpida cuando el evento es desmantelado por el ejército, bajo el anuncio de un conflicto armado.
La trama sigue a Luis, un hombre de mediana edad, y a su hijo, quienes recorren el desierto de Marruecos en busca de Mar, una joven que solo conocemos a través de fotografías. En su trayecto se cruzan con comunidades nómadas que viven en casas rodantes y, más adelante, con un pequeño grupo que se dirige a otro rave cerca de Mauritania. Padre, hijo y su perra Pipa deciden acompañarlos, integrándose gradualmente a una tribu improvisada, pese a provenir de mundos e ideales muy distintos.
A partir de ese punto, la película se convierte en un ejercicio de tensión constante. Grandes camiones atraviesan riachuelos, zonas pedregosas y montañosas, mientras la música adquiere un tono cada vez más agresivo. La sensación de que algo trágico está por ocurrir se mantiene presente: lluvia, accidentes y peligro transforman el viaje en una experiencia hostil donde la amenaza no proviene de otros personajes, sino del entorno y del destino.


Uno de los aspectos más relevantes de Sirat es su elección de reparto. A excepción de los papeles del padre y el niño, la mayoría de los personajes no son actores profesionales, sino personas reales que pertenecen a estas comunidades rave. Esta decisión refuerza el carácter documental de la cinta y aporta una autenticidad difícil de replicar desde la ficción convencional.
El elenco incluye a Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Stefania Gadda, Richard Bellamy, Tonin Javier, Joshua Liam Henderson y Kangding Ray, quienes sostienen una narrativa que oscila entre la celebración colectiva y la desolación absoluta. La película no presenta antagonistas claros: el verdadero conflicto es la vida misma, la pérdida, la inmensidad y la fragilidad humana frente a un mundo sin certezas.
Fiel a su trayectoria previa (Todos vós sodes capitáns, Mimosas, O que arde), Oliver Laxe vuelve a explorar el tránsito, la espiritualidad y los márgenes de la sociedad, esta vez desde una estética electrónica y contemporánea. Con el respaldo de Pedro Almodóvar como productor, Sirat se consolida como una obra radical, incómoda y profundamente sensorial.



Al finalizar la proyección, el ambiente en la Sala 1 de la Cineteca Nuevo León permaneció en silencio durante varios segundos. El público se quedó en sus asientos, visiblemente impactado, en un estado de pausa colectiva que evidenció la necesidad de procesar lo visto. Más que aplausos inmediatos, hubo reflexión, análisis y una sensación compartida de haber atravesado una experiencia cinematográfica difícil de olvidar.


