Hay artistas que nacen con la música en la sangre, pero hay otros que además la estudian, la defienden y la viven como un acto de amor. Gabriela Berumen es de las segundas. Cantante, comunicóloga y máster en artes escénicas, esta intérprete de raíz zacatecana e hidalguense ha construido su camino con valentía, fe y mucho sentimiento, representando con orgullo el alma de Iztapalapa, el lugar donde creció y que sigue marcando su identidad.
“Mi papá escuchaba a El Piporro, Felipe Arriaga, Dora María… y mi mamá se sabe todas”, recuerda entre risas y es que su historia musical comenzó desde muy niña, rodeada de canciones rancheras y ese amor por lo tradicional que, lejos de ser pasado, ella convierte en presente.
Con una carrera completamente independiente, Gabriela ha compartido escenarios con figuras como Erasmo Catarino, fue parte del equipo de Lupillo Rivera en La Voz México y ha conquistado el Lunario del Auditorio Nacional y este 2025 celebra el estreno de su EP “Pido Ser Feliz”, un proyecto que se siente como un abrazo al alma: “es un recordatorio de que la felicidad no se busca afuera, sino dentro de uno mismo”, dice.
Su entrega a la música mexicana le ha valido recientemente la Medalla Aida Cuevas, un reconocimiento que la llenó de emoción: “Los artistas se pelean por los Grammy, pero para mí este premio vale todos, que Aida Cuevas me haya escuchado y reconocido ya fue un regalo divino”.
Gabriela no solo canta —cuenta historias. “Un cantante puede, pero un cantador tiene con qué”, afirma con fuerza. Ella pertenece a esa nueva generación de mujeres que están sosteniendo el género ranchero desde la entraña, con garra, con alma y con verdad. Y lo hace desde la misma tierra que la vio nacer, porque como dice: “Iztapalapa no duerme… y yo tampoco mientras haya una canción mexicana por cantar.”


