Monterrey, Nuevo León. Hay cantantes que no solo cantan, sino que parecen invocar algo más grande que ellos mismos. Pau Glez es una de esas. Con una sonrisa luminosa y una vibra tranquila que parece venir de otro plano, la cantante y compositora llegó a la rueda de prensa del Festival Coca-Cola Estéreo Gol para hablar de su proyecto, de su música… y de esa magia que habita entre lo terrenal y lo divino.
Cuando tuve la oportunidad de preguntar cómo logra equilibrar lo espiritual con las exigencias técnicas del estudio, Pau respiró, sonrió y respondió con una honestidad desarmante: “Soy una persona muy espiritual. Creo en la magia de las posibilidades, en el destino y en nuestra misión aquí. Pero también quiero que mi música sea divertida, que conecte con la gente. Y para eso tengo un equipazo: Edgar Garza, mi productor, Horacio García, mi ingeniero. Me clavo muchísimo en la producción, buscando ese sonido bonito, pero que conserve toda la magia que nace desde la composición.”
Y ahí estuvo el corazón de su discurso: esa alquimia entre alma y tecnología, entre el beat contemporáneo y la energía interior. Pau no busca seguir fórmulas, sino traducir emociones en frecuencias que resuenen.
Cuando se le preguntó sobre su inspiración, soltó con humor y sinceridad: “Mi vida es muy dramática, muy romántica… y la música es mi forma de expresar todo eso. Me inspira conectar con la gente, hacerles sentir que no están solos en lo que atraviesan.”
No hay pose en ella. Cada palabra fluye con la misma naturalidad con la que, dice, compone canciones mientras maneja su coche, grabando ideas y melodías en notas de voz que después se transforman en temas como “444”, “Ya se jodió” o “Alquimia”.
También habló de sus raíces. Aunque nació en Hidalgo, Pau confesó con cariño: “Mi mamá es regia, y ya llevo casi nueve años viviendo aquí. Amo Monterrey, me ha abrazado muchísimo. Ya me siento mitad regia.”
Entre risas y momentos introspectivos, compartió su consejo para los artistas emergentes: “Siempre va a haber alguien más talentoso, más bonito, o que cante mejor, pero la diferencia está en no quitar el dedo del renglón. Sé constante. Aunque te escuche una sola persona, no te detengas.”
Pau irradia convicción, pero también humildad. Su mensaje va más allá de la música: es sobre la fe en el proceso y la gratitud con el camino. Cerró hablando de su deseo para el 2026: seguir creando desde la misma energía que la mueve hoy, rodeada de su equipo y de esa familia artística que la impulsa. “Lo que más quiero es que esto siga sintiéndose así de mágico, que sigamos siendo los mismos, solo que en escenarios más grandes.”
Y sí, suena a manifestación, pero también a promesa porque Pau Glez no solo canta —canaliza emociones, vibra en alta frecuencia y hace del pop algo espiritual. Monterrey la escuchó, y algo nos dice que el universo también.
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