Monterrey, Nuevo León. Hay entrevistas que se sienten como charlas de sobremesa con una amiga que lo ha vivido todo y aún así conserva la frescura de seguir soñando. Así fue con Darina, quien llegó a Monterrey para compartir no solo su música, sino también los aprendizajes que le han dado las vueltas de la vida.
Su trayectoria podría contarse como una montaña rusa: de las luces de Operación Triunfo a compartir estudio con Phil Collins, de las giras y el pop rock a la decisión de hacer una pausa obligada para romper contratos y recuperar la libertad y en medio de todo, el salto inesperado hacia la política, donde descubrió otra forma de usar la voz: no para cantar, sino para acompañar.
“Las pausas me regalaron equilibrio”, confiesa. Y ese equilibrio es lo que hoy la sostiene con más fuerza que nunca. Mientras muchos artistas se obsesionan con la visibilidad constante, ella aprendió a disfrutar de lo invisible: la familia, los viajes, los afectos, los silencios. Desde ahí renació su música, ahora más íntima y atrevida.

“Sol de mi luna” es prueba de ello: una canción improvisada que quedó plasmada en un primer take, con saxofón y guitarras que la envuelven en un aire jazzeado y sensual. No fue planeada, y quizá por eso tiene esa magia de lo auténtico.
El encuentro en Monterrey, hecho posible por Sokol Producciones, se sintió como una celebración: Darina está de vuelta, no para repetir lo ya hecho, sino para recordarnos que el verdadero arte está en saber transformarse y ella lo hace cantando, viviendo y compartiendo, siempre con esa claridad que solo dan los años bien vividos.
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