Corto Circuito: humor, cicatrices y renacimiento.
Monterrey, Nuevo León. Este 20 de septiembre, el Escenario GNP Seguros será testigo de un encuentro único: Ricardo O’Farrill llega con Corto Circuito, su show que no solo sacude escenarios de México y el mundo, sino que también marca un antes y un después en su vida. Desde mayo, la gira ya visitó más de 56 ciudades y pronto cruzará fronteras hacia Europa, Centroamérica, Canadá y Estados Unidos, cerrando con broche de oro en el Auditorio Nacional en abril de 2026.
Pero Corto Circuito va más allá de los números. Es un viaje al fondo del ser humano, donde O’Farrill comparte con total honestidad lo que vivió durante su momento más oscuro. Lo que vemos en el escenario no es motivación disfrazada ni un sermón: es comedia que nace del dolor, donde cada anécdota y cada chiste son herramientas para resignificar la experiencia y aprender a vivir de nuevo.
Durante la rueda de prensa, Ricardo explicó que el objetivo del show no es sermonear ni dar lecciones: “No quiero ser el vocero de las adicciones. Es un show donde hablo de forma cercana y honesta para que el público pueda entender y también tenga herramientas para lidiar con un adicto”. Desde historias graciosas hasta situaciones profundas, todo se transforma en carcajadas y reflexión.



El comediante compartió momentos íntimos, como su decisión de simplemente despachar cafés, sin aspiraciones de tener una cafetería, y cómo repetir sus anécdotas en el escenario le dolía al principio. Su terapeuta le dijo: “Qué bueno que te duela más, porque es algo que tienes que atravesar”. Esa honestidad se refleja en cada risa que genera: no quiere cambiar al público, solo compartir preguntas abiertas, como: ¿el ser humano necesita del dolor ajeno para sentirse mejor?
Además, O’Farrill habló de la enorme paciencia que requiere superar la depresión: “Hay gente que opta por un mal camino porque no tiene paciencia. Pero yo estuve ahí y se logra. Yo tardé 10 meses y lo logré”. Su analogía favorita: la costra de la infancia que sangró y se convirtió en cicatriz; así son también nuestras heridas emocionales, que necesitan tiempo, perdón y cuidado.
Con dos años de sobriedad, otra energía y planes de incluso escribir un libro con historias graciosas, Corto Circuito es un recordatorio de que la risa también puede ser sanación. Imperdible.


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