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Camina o muere: la reseña

Redacción U por Redacción U
septiembre 12, 2025
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Judy Greer as Ginny Garraty in The Long Walk. Photo Credit: Murray Close/Lionsgate

Judy Greer as Ginny Garraty in The Long Walk. Photo Credit: Murray Close/Lionsgate

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Autor: Edgar Favela

Monterrey, Nuevo Leon. Cuando se trata de adaptaciones prefiero no emitir esos juicios que determinan: “el libro es mejor que la película” o viceversa, pues considero que cine y literatura son lenguajes distintos y, por ello, a cada obra me gusta entenderla, juzgarla (y disfrutarla) según sus propios términos y marcos de referencia. Sin embargo, el que sí me parece un ejercicio interesante y divertido es aquel que me permite reflexionar en torno al proceso de adaptación en sí. Es decir, en el que -como espectador- juzgo si una adaptación recupera-traslada de manera efectiva el sentido-espíritu de la obra original. Y The Long Walk (2025) de Francis Lawrence se presta bastante bien para dicho ejercicio.

Charlie Plummer as Barkovitch, Garrett Wareing as Stebbins, Cooper Hoffman as Garraty, David Jonsson as McVries, Ben Wang as Olson, Tut Nyuot as Baker, and Joshua Odjick as Parker in The Long Walk. Photo Credit: Murray Close/Lionsgate
Mark Hamill as The Major in The Long Walk. Photo Credit: Murray Close/Lionsgate

La novela de Stephen King la leí hace algunos años y me gustó mucho. Publicada en 1979 bajo el seudónimo Richard Bachman, es de esas novelas en las que King explora temas más oscuros, alejados de su maximalismo habitual. Y ahí está una de los aciertos de la novela: nos presenta un mundo hiper-violento, despiadado y sin asomo de esperanza en el que un centenar de adolescentes se juegan la vida en una competencia. King ejecuta un recurso inteligentísimo que eleva y potencia su relato: el narrador no detalla el por qué de la existencia de ese concurso, y tampoco explica las motivaciones (no de manera directa) que han llevado a los personajes a registrarse voluntariamente a una competencia brutal y, a todas luces, absurda. Es el lector es el responsable de, a través de las descripciones y diálogos, ir armando el rompecabezas que le revela las reglas del juego, las personalidades e historias de los personajes y, sobre todo, la naturaleza de ese mundo en el que la larga caminata es posible. Ahí radica la relevancia y actualidad de la novela de King.  La caminata es tan perturbadora que su propia puesta en marcha es suficiente para aterrar al lector. Y es en las entrelíneas en las que el lector obtiene la sustancia profunda de la historia: la violencia y degradación humana son irracionales, no tienen explicación ni lógica pues operan fuera de la civilización. Y pareciera que bajo ciertas condiciones una sociedad lo suficientemente enferma y corrupta, podría alojar ese tipo de competiciones. En resumen, The Long Walk es interesante por lo que omite, que por lo que muestra. Además, de que representa un incisivo comentario cultural contra la irrupción del amarillismo y la ultra-violencia como gancho publicitario de los recién instaurados noticieros las 24 h, la tele-realidad y los concursos de la TV norteamericana. La marcha además es televisada y es vista como un deporte nacional. Si bien, la novela fue escrita un par de años de la llegada del conservadurismo de Reagan, se anticipa con acierto y describe un estado de cosas peligrosamente parecido a esa avalancha de testosterona, militarismo y liberalismo económico que transformó y aceleró la cultura pop en la década de los ochenta. 

Confieso que mis expectativas eran altas. Cuando supe que iban a estrenar una adaptación cinematográfica y que Cooper Hoffman interpretaría a Garraty no hice otra cosa más que emocionarme. También esperaba una aproximación a la novela un poco más respetuosa a la obra, pues es el mismo King el que participa como co-guionista. Y, bueno, esta situación también puede servir de ejemplo: ni la participación del mismísimo autor de la obra original asegura una adaptación satisfactoria. Considero que la adaptación falla de forma rotunda principalmente en tres aspectos. El primero es que no logra trasladar esa parquedad fría y espeluznante que hace que la novela sea interesante, abierta y se preste a múltiples lecturas. En cambio, el filme es bastante convencional y revela demasiado pronto las razones históricas detrás de la larga marcha, así como las personalidades y motivaciones de los personajes. Esto funciona para que el primer acto sea más digerible y sencillo de entender pues le exponen al espectador las características del mundo en el que está instalado, pero le resta a la historia muchísimo de su potencia y misterio. Por ende, la información que se muestra en dicho primer acto se siente como sobre-explicada, burda y un tanto artificial. Un Mark Hamill con un tono exagerado (casi operístico) y jugando a la caricatura de un Trump militarizado es el claro ejemplo de que, en ocasiones y sobre todo en ésta: menos, es más. El segundo es la aproximación a la psicología de los personajes y el tono. La novela da por descontado que el lector sentirá empatía por los protagonistas y personajes, pues éstos son jóvenes a merced de un juego cruel y macabro. Esto le otorga más “espacio” para explorar su psicología ambigua y compleja. Las razones por las que están ahí nunca se explican demasiado, pero se sobre-entiende que sus identidades son vacías, resquebrajadas, así que cualquiera de sus motivaciones (de antemano) son corruptas, distorsiones moldeadas por ese sistema opresivo que padecen. En el largometraje a Garraty se le otorga un pasado trágico y es una motivación política la que obliga a inscribirse a la marcha. Esta modificación por sí sola no representa un error o desviación del espíritu de la obra original. Más bien es el tratamiento de sutrasfondo biográfico el que resulta ordinario, cursi, y que raya en el cliché, y que sin duda arruina al personaje. Y al resto de los personajes sufren una condición similar: el director les acomoda historias y personalidades que provocan la conmiseración. Se les presenta como víctimas. Y esto se siente como un alejamiento importante del material original. El desasosiego que te produce la novela es porque, a pesar de encontrarse en una situación extrema, los chicos siguen siendo chicos y se comportan como tal (con todos sus errores y aciertos). La película dulcifica sus personalidades y, de nuevo, las vuelve más digeribles y entendible y les confiere motivaciones “lógicas”, pero eso mismo les resta complejidad. Y para muestra sólo hay que advertir a un McVries reconfigurado en una suerte de mr. brightside que, en una situación apocalíptica como la marcha, resuena más bien risible y hasta ridículo. En cuanto al tono, la novela es hábil y perspicaz en su manera de expresar la violencia, la muestra sin aspavientos y con un desapego inquietante. La película cinta Lawrence emplea dos elementos que me provocan conflicto: por un lado una violencia explícita (casi gore) y un melodramatismo recargado (en las acciones y psicologías de los personajes) que no riman ni se llevan nada bien. Ya que no se integran y sólo actúan como gatillos fáciles para impactarte y/o conmoverte. Esta fórmula fácil, manipuladora, rápido se agota y se vuelve en contra de la misma película. Cuando descubres este mecanismo (lo cual no es difícil) deja de tener efecto y hasta genera situaciones involuntariamente cómicas.  Tercero, y último: el final. Aunque no lo revelaré aquí por respeto a los que no han leído la novela ni visto la película, sólo explicaré que el final en el libro es decididamente abierto, ambiguo y evidentemente pesimista. No es que la película exhiba un final “feliz”, pero sí introduce una acción reivindicativa y complaciente y que hace que el espectador promedio salga satisfecho de la sala, pero que es discordante y poco respetuosa con la esencia corrosiva de la novela. 

Mark Hamill as The Major and Director Francis Lawrence in The Long Walk. Photo Credit: Murray Close

Rescato esos micro-cosmos con los que King hace sus retratos alegóricos de la sociedad norteamericana (ver The Mist, 2007) y que el filme ejecuta bastante bien. Y ciertos momentos donde la camaradería y la fraternidad de los caminantes es armónica y natural (ver Stand by Me, 1986). Ahí se nota -y para bien- la mano del experimentado escritor. Y pese a que esta adaptación me parece fallida: la novela destaca por sus acertadas elipsis-omisiones, y la película desmerece por su tendencia al melodrama y la sobre-explicación, les invito a verla. The Long Walk es una película interesante y que da pie a realizar un ejercicio como el aquí propuesto. Véanla y hagan su propia reflexión-aproximación a este sub-género excepcional de las adaptaciones cinematográficas que tantas alegrías y corajes nos ha regalado a los amantes del buen cine y la buena literatura. 

PD.  Películas relacionadas con The Long Walk que recomiendo: 

  1. They Shoot Horses, Don’t They? (1969, Sydney Pollack). Drama oscuro y existencialista. Adaptación de la novela homónima de Horace McCoy que narra la historia de amor entre dos participantes en un espectáculo cruel: un baile de exhibición que no termina. Gana el primer premio en efectivo la pareja que se mantiene en pie. Basada en historias reales y de competencias similares que se llevaban a cabo en Norteamérica en la época de la Gran Depresión. 
  1. The Running Man (1986, Paul Michael Glaser). Acción musculada y distópica. Otra adaptación de una novela Richard Bachman/Stephen King que ejemplifica a la perfección el estilo y tono exagerados del cine de acción de los ochenta.  Ben Richards, interpretado por Arnold Schwarzenegger, es inculpado por un crimen que no cometió y es obligado a participar en un concurso de gladiadores en el que el premio principal es seguir vivo. 
  1. Battle Royale (2000, Kinji Fukasaku). Futuro totalitario, adolescentes armados y asesinatos. Adaptación de la novela de Koushun Takami. El batlle royal primigenio, la madre de las battles royales. Un grupo de adolescentes es lanzado a una isla repleta de trampas y armas. La competencia es todos contra todos y el ganador es aquel último que se mantenga en pie y con vida. Una película excesiva, incómoda y que demuestra que, en esto de la brutalidad, la violencia y la crítica mordaz contra las sociedades represivas, los japoneses son unos adelantados.    

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Etiquetas: CinepolisMonterreyReseña
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