Información proporcionada por: Sokol Producciones
Ciudad de México. El pasado viernes 15 de agosto, el Lunario del Auditorio Nacional volvió a colgar el letrero de Sold Out. ¿La responsable? Aranza, que a más de 30 años de carrera sigue demostrando que está en una de sus mejores etapas, y que la fuerza de su voz es capaz de conmover generaciones completas.
Con un vestido rojo brillante y esa presencia que impone desde el primer acorde, salió puntual a las 9 de la noche para regalar más de dos horas y media de música. El recorrido fue amplio y generoso: más de 30 canciones que fueron desde clásicos como Señora, Ese hombre y La gata bajo la lluvia, hasta momentos de absoluta intimidad con Ódiame, El Andariego o su primer éxito Mentiras y lágrimas.
Pero si hubo un instante que partió la noche en dos, fue cuando sonó el tan esperado Dime. La ovación fue total, y hasta una señora de 70 años se levantó, tomó el micrófono y lanzó un comentario tan sincero como demoledor:
“Yo no sé por qué no eres mundialmente conocida… tu voz es de poca madre. Ahora le aplauden a cantantes chafas, pero esta voz es la mejor que he escuchado en mi vida”.
La sala entera explotó en aplausos.
Aranza también regaló momentos entrañables: un dueto sorpresa con su eterna amiga y comadre Estrella, interpretando Acaríciame, y otro con su hermana Isabel Meza, quien subió a petición del público para cantar juntas Déjame volver contigo.
El repertorio siguió con un popurrí ochentero y joyas como Vivir así es morir de amor, Volcán y Finge que no. Y aunque se despidió con un medley de Yuri, el público simplemente no la dejaba ir. Volvió dos veces más, dejando claro que lo suyo no es un concierto… sino una comunión con la gente.
Hoy Aranza resurge como el Ave Fénix, con un público que la acompaña desde siempre y nuevas generaciones que descubren en ella una voz honesta, poderosa y sin tiempo. Lo que viene es grande: más presentaciones por todo México y el lanzamiento de un nuevo disco producido por el maestro Carlos Macías.
Porque sí: Aranza sigue brillando, y no hay duda, el Lunario fue testigo.


