Monterrey, Nuevo León. La noche regiomontana se volvió un lienzo sonoro cuando Lasso salió al escenario del Showcenter Complex. Sonrisa desarmadora, energía que vibra y un setlist que parecía tejido a la medida de quienes lo esperaban: por casi dos horas, el cantante venezolano nos llevó por un viaje de emociones donde la nostalgia, la frescura y la complicidad fueron protagonistas.
El concierto, parte de su “Malcriado Tour”, dejó claro que Lasso no solo estrena un disco, sino una nueva etapa en su vida artística. Malcriado es un álbum que se siente como un lienzo lleno de rayones: colaboraciones con artistas que marcaron su camino, mezclas sonoras inesperadas y la libertad de atreverse a todo. Monterrey lo recibió con brazos abiertos, coreando desde los primeros acordes de “Siempre llegas tarde”, pasando por joyas como “Souvenir”, “La Boca/Te Vi”, “Cinco minutos más”, hasta llegar a esos himnos que ya son parte de la memoria colectiva: “Ojos marrones” y “Un millón como tú”.






Lo más mágico fue la manera en que el público no soltó ninguna canción. Se cantó, se gritó y se bailó sin parar, siguiendo esa instrucción implícita de Lasso: “No pares de bailar”. La conexión fue tan cercana que parecía un concierto en la sala de tu casa, con un amigo que lo da todo por ti en cada nota.
Entre canción y canción, Lasso abrió el corazón. Agradeció a sus fans por abrazar Malcriado con tanto cariño, habló de la felicidad que le da hacer música y de cómo los músicos mexicanos han sido una influencia clave en su forma de componer. También dejó claro que cada ciudad tiene su propia versión del show, y que le emociona adaptarse, incluso regalando covers de artistas locales como guiño a sus raíces.
La velada terminó con un coro colectivo que aún retumba: “Hasta ese día”, “Odio que no te odio”, “Subtítulos” y, por supuesto, la catarsis de “Ojos marrones”, que convirtió el recinto en un solo grito de desahogo y ternura.
Lasso no solo dio un concierto: ofreció una experiencia íntima, vibrante y profundamente honesta. Monterrey se rindió a sus letras, a su carisma y a esa vibra que mezcla desmadre y sensibilidad en un mismo escenario.
Una noche que nos deja con la certeza de que volveremos a decir: sí, quiero repetirla.





