Monterrey, Nuevo León. Caminar un miércoles por la noche rumbo a Dramático es casi un ritual. Las calles ya huelen a calma, pero también a expectativa. Llegas y ahí está: ese espacio donde el teatro manda, donde la luz tenue, el aroma de palomitas y el murmullo previo a la función ya te envuelven antes de que se abra el telón.
Esta vez, la cita fue con Juicio a una Zorra, una obra que agarra de frente la leyenda de Elena de Troya y la convierte en un espejo incómodo y hermoso a la vez. Con la fuerza escénica de Claudia Marín, el texto afilado de Miguel del Arco y la dirección precisa de Rennier Piñero, la historia se despliega como un incendio que no se apaga.




Es un drama de amor y pasiones, de guerras que destruyen ciudades… pero sobre todo de esas batallas internas que nunca dan tregua. Elena no solo enfrenta el juicio del mundo, también el de su propia eternidad. Entre verdades que arden y silencios que pesan, esta obra te deja claro que hay guerras que empiezan en el corazón y terminan arrasando pueblos enteros.
La magnífica interpretación de Claudia Marín es un viaje intenso y conmovedor, que logra traer a la vida una historia que, aunque viene de la antigüedad, sigue sucediendo y repitiéndose en distintos países, pueblos y lenguas. Una tragedia que aún derrama lágrimas, sangre y vida.
Altamente recomendable, esta puesta en escena volverá el próximo miércoles a Dramático. Simplemente, imperdible.
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Gracias por acompañarnos y por esta bella reseña. Gracias!