Colaboración especial de: Valeria E. Zeta
Monterrey, Nuevo León. Para efectos de crítica cinematográfica, deberíamos comenzar por el principio, ¿no? Pero honestamente, para explicar de qué va esta historia, cuyo origen se remonta a eventos verídicos, ocurridos en el otoño de 1928, no hace falta mirar tan lejos:
Un exorcismo en el cine no ha cambiado desde 1973, con la cinta que marcó el parteaguas para las narrativas de horror (no, no voy a decir el nombre, claro que saben cuál es), donde se plantea por primera vez la fórmula, ya no tan secreta, para relatar las historias de guerras entre ángeles y demonios. No hay métodos diferentes. Lo interesante, solo es ver quién gana o pierde.
Exorcismo El Ritual (2025) inicia planteando el habitual triángulo conflictivo en las películas repletas de arte sacro, plegarias y encuadres a rostros con pupilas dilatadas y, por lo general, un viejito que inspira ternura. La regla de tres simples de la figura del mal, el hombre y Dios, frente a frente.
Y… ya. No es física cuántica, ojalá lo fuera. Nos daría un poco más de misterio del cual seguir una placentera conversación. Aunque eso no nos impide descuartizarla, digo, comentarla un poco. Un abrumado padre Joseph Steiger (Stevens) recibe la tarea, o más bien, la orden de servir como “proveedor” de instalaciones para la realización de un “Sacramento de Penitencia”… o algo así.
Steiger entiende de lo que se trata y, más que nunca en su vida, se ve envuelto en una situación, por decir lo menos, incómoda, cargando sobre los hombros una fe cada vez más agrietada y un conflicto moral típico de su profesión en estas cintas. O sea, básicamente, un humano, siendo un humano, en medio de una crisis de identidad y una misión que puede corromper a cualquiera.
¿Qué pasa cuando a un hombre de Dios le da síndrome del impostor? O peor, que su “jefe” es el impostor. ¿Cómo se ve eso? Ahí se las dejo.
Y bueno, aquí, conforme se va enredando el nudo, aparece, otra vez ese triángulo vicioso (¿eso existe?), enramándose en el rival más débil, (sí leíste lo anterior con tono, es momento de visitar al médico cada 6 meses), el que queda en medio y el que une los eslabones de esta cadena alimenticia, o sea, el hombre. Para efectos de retórica afrentosa, lo usaremos como dirían los gringos en una triple D: dread, disease and despair. La semilla del miedo, la desesperación y la corrupción que enferman el corazón humano comienzan a germinar. Listo, un cóctel perfecto para desordenar la psique más comprometida con su deber. Todo, cortesía de la figura del mal. El endemoniado, pues.
Tampoco hay mucho que decir sobre ese personaje. Lo de siempre: una jovencita, aparente posesión demoníaca, poderes sobrenaturales, todo eso de la xenoglosia, Sansonismo y actitudes pecaminosas. Si les interesan los elementos gráficos clásicos del terror religioso, pues cumple. A secas.
Antes de “pasarle el micro” a la figura representativa del bien, o de Dios, o como gusten llamarle, hay que hacer un toque de base en una cuarta entidad, la representación del “Virgilio”, el “Sancho Panza”, el acompañante que no flaquea en el viaje del héroe. En esta historia, tristemente, pudo no haber estado incluido, y nadie le hubiera extrañado.
Las monjas, centralizadas en el personaje de la hermana Rose (Greene), pasan sin pena ni gloria, dejando una pizca de agenda social y lecciones de polaco. Su intención parecía interesante, pero en la mayoría de los casos, el reparto siempre queda mal implementado. Esta cinta no fue la excepción.
Pero ahora sí, directo a la figura central: el padre Theophilus Riesinger (Al Pacino). La representación de la buenaventura, la salvación y la redención, por supuesto, con una que otra sombra sobre la espalda. Mientras más se desarrolla su personaje, más descubres que solo se trata de otro humano, combatiendo algo que no termina de conocer, con todo y sus años de experiencia. Ejecuta como puede y con lo que tiene y plantea un conflicto común de negación, consecuencias, sacrificio y salvación. Todo por culpa de su propia negligencia. En pocas palabras, si tú lo ensucias, tú lo limpias.
Ah, pero eso sí, su hábito de la orden Capuchina y su aspecto desaliñado, evocan esa cualidad de solemnidad y humildad, que si le compras que es un cura que ha visto de todo. Aquí viene la sugerencia abierta; si vas a verla por Al Pacino, esperando ver a Al Pacino y no a un fraile anciano, ni gastes en el boleto.

En concreto, Exorcismo El Ritual es la misma gata, pero… ¿cómo iba ese dicho?
No redescubren ni replantean el ritual romano del exorcismo, no te cuentan nuevas metodologías y tampoco te “hollywoodizan” tanto una historia que, se nota, trata de permanecer apegada a los hechos de los que se inspira. Pero no se desanimen, si hay oportunidades de brincos en la butaca, en el sentido familiar de la palabra.
Por supuesto, no es una obra maestra de terror religioso, pero tampoco es, citando a Regan MacNeil: un “too much vulgar a display of power”. Buena para ir a comer palomitas a puños y que se te caigan al suelo.

Sobre la colaboradora:
Titulada en comunicación y periodismo por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Head Content Editorial para el Tecnológico de Monterrey y miembro activo corresponsal de literatura y artes escénicas, para la revista Campus Cultural. Actriz de teatro y estudiante de danza clásica. Autora de horror desde 2015, publicada desde 2018 en revistas digitales y antologías iberoamericanas, con editoriales tales como Factor Literario, Editorial Mítico y Komala Editorial.
Para ver el trailer dale click aquí: https://www.youtube.com/watch?v=zYVO9HqAmmE
Fecha de estreno en tu Cinépolis de confianza: 31 de julio 2025


