Monterrey, Nuevo León. No todos los festivales se viven igual. Algunos son fila y selfies. Este fue fuego y hermandad. El Regio Music Motor Fest, en su primera edición, encendió esta ciudad más allá del escenario: en las calles, en los cascos, en los abrazos entre desconocidos que comparten el mismo rugido en el pecho.












La comunidad biker —esa tribu leal que recorre kilómetros con la vida a cuestas— fue el alma del evento. Marca como Coyoye Harley-Davidson se volvió un estandartes de una forma de vivir que no pide permiso: carretera, música y conexión y entre todos esos rostros curtidos por el viento, conocí a Héctor y Eloy Gaytán, dos riders que vinieron desde Ciudad de México solo para estar aquí. Se aventaron primero cinco horas hasta San Luis, y de ahí otra jornada hacia esta ciudad. ¿El motivo? Ser parte de algo que apenas comienza… y ver a su banda favorita: El Gran Silencio.


Pero antes de que sonara la primera nota, la vida les puso a prueba: uno de ellos perdió su cartera. ¿Qué pasó? Alguien la encontró y la devolvió. Sin drama. Sin líos.
Cuando le pregunté si eso sería posible en su ciudad, soltó una carcajada y dijo: “¡En Ciudad de México? Jamás. Esto solo pasa aquí en el norte. Son gente neta, bien honesta.”
Esa historia no fue excepción, fue reflejo. Porque eso se respiró toda la noche: respeto, buena vibra, una comunión espontánea entre food trucks, parches bordados y familias enteras que resistieron la lluvia sin perder la sonrisa.





A pesar del aguacero, de los nervios técnicos y la espera que se alargó más allá de las 10:30 de la noche, nadie se fue. Todos firmes. Todos fieles porque cuando llegó El Gran Silencio, todo se olvidó.










Y entonces sí: baile colectivo, pogo con alma norteña, chuntarostyle a mil por hora. Casi dos horas de show sin pausas ni respiros. Cano jugueteando con el público, preguntando si les gustaba Korn, y luego rematando con ese humor regio que tanto amamos: “Sí, Korn… ¡pero Cornelio Reyna!”
Carcajadas, aplausos, y a seguir bailando.





No faltó el homenaje a Celso Piña, ni los clásicos que nos han acompañado por más de tres décadas y es que El Gran Silencio se encuentra celebrando 33 años de trayectoria con nueva música, nueva energía y la misma cercanía de siempre. Son de esos grupos que no solo tocan: se mezclan con la gente, se vuelven parte del barrio, del baile, de la memoria colectiva.
Y así fue. Anoche, aunque no nos conocíamos, éramos uno solo. En cada cumbia, en cada acorde, en cada cerveza compartida con extraños que pronto se volvieron camaradas del momento. Porque los conciertos también son eso: un paréntesis donde el mundo se detiene y todos, por un rato, somos parte de la misma historia.














🛣️💥 Que vengan más ediciones del Regio Music MotorFest.
Monterrey ya encendió el motor. Y no hay vuelta atrás.
Imágenes por: Arqueles García


