Monterrey, Nuevo León. El verano cinematográfico de 2025 no está dejando buenos recuerdos. Entre reboots innecesarios, secuelas desganadas y propuestas originales lanzadas sin respaldo promocional, varios analistas ya se atreven a llamarlo el peor en al menos un cuarto de siglo. En ese contexto, el regreso a la pantalla grande de Los Pitufos —esa entrañable franquicia nacida en 1958 de la mano del dibujante belga Peyo— se siente como un intento más de exprimir la nostalgia sin aportar mucho a cambio.
La nueva cinta, dirigida por Chris Miller, busca establecer una historia de origen para los diminutos personajes azules, otorgándoles una inesperada y algo trillada misión: ser los guardianes secretos de la Tierra. En su escondida aldea, los Pitufos protegen un libro mágico ancestral que, de caer en manos equivocadas, podría conceder el control absoluto del mundo. El conflicto principal se desata cuando Razamel, el hermano del clásico Gargamel, emerge como el verdadero antagonista, relegando al viejo villano a un papel casi anecdótico.
A pesar del esfuerzo evidente por construir un universo con más lógica interna, el guion tambalea al intentar balancear su tono infantil con ambiciones narrativas más complejas. Uno de los temas que prometía ser el eje emocional del filme —la búsqueda de identidad en un mundo donde las funciones y personalidades están predestinadas— se presenta con potencial, pero se resuelve de forma superficial y apresurada, perdiendo la oportunidad de resonar con una audiencia joven que podría verse reflejada en ese dilema.
Visualmente, Los Pitufos brilla. La animación es colorida, fluida y por momentos deslumbrante, con una dirección artística que respeta la estética original mientras la moderniza para un público actual. La música, por su parte, acompaña bien los momentos emotivos y las secuencias de acción, sumando puntos a una experiencia que, al menos a nivel técnico, no decepciona.
Sin embargo, el filme parece más interesado en presumir su elenco de celebridades que en desarrollar personajes memorables. Con voces como Rihanna, Octavia Spencer, Kurt Russell y Jimmy Kimmel, la versión original apuesta por el “star-talent” como gancho de taquilla. Paradójicamente, esto se diluye al ser doblada a otros idiomas, donde, aunque el trabajo de localización es impecable (y a menudo más gracioso que el original), se pierde el supuesto atractivo del reparto de lujo.
En cuanto al humor, la película transita en lo hilarante, con algunos momentos que rozan el doble sentido. Aunque en otras cintas infantiles este recurso podría sentirse fuera de lugar, aquí logra arrancar más de una sonrisa, sin desentonar del todo con el tono general.
En resumen, Los Pitufos (2025) es una película entretenida, con valores de producción altos y algunos destellos de ingenio, pero también una muestra clara de lo que ocurre cuando se prioriza el marketing y la nostalgia sobre una narrativa sólida. La cinta se queda a medio camino entre lo que pudo ser una reinvención audaz y lo que terminó siendo: otro reboot más, simpático pero quizás no inolvidable.
En Cinépolis a partir del jueves 17 de julio.
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